Barsam Mohammadi – Experto en asuntos regionales
El proceso de formación de la estructura de poder en Irak desde 2003 siempre ha estado acompañado de numerosos matices y complejidades. La Constitución de Irak, con el fin de crear equilibrio entre diversos grupos étnicos y religiosos—incluidos chiíes, suníes y kurdos—ha establecido mecanismos de distribución del poder entre ellos, que durante las últimas dos décadas han evolucionado hacia convenciones políticas relativamente estabilizadas.
Dentro de este marco, la selección de los jefes de las tres ramas del gobierno constituye una de las etapas más sensibles en el proceso político del país. Entre estas etapas, la elección presidencial ocupa una posición especial, ya que su realización requiere un amplio consenso en el parlamento y la obtención de dos tercios de los votos de los representantes. En consecuencia, cualquier desacuerdo entre facciones políticas puede conducir a un punto muerto en esta etapa.
Tras las elecciones parlamentarias iraquíes de 2025, la formación de una nueva estructura de poder enfrentó serios desafíos. La primera etapa procedió con la elección de la dirección parlamentaria, en la cual Haibat al-Alusi fue elegido Presidente del Parlamento, con Adnan al-Fayhan y Farhad Atrushi como sus vicepresidentes. Sin embargo, la selección del presidente—debido a la competencia cerrada entre partidos kurdos y su impacto en las ecuaciones de poder en Bagdad—representó una de las etapas más complejas.
En la estructura política de Irak, según una convención establecida en los primeros años posteriores al colapso del régimen de Saddam Hussein, la presidencia se asigna a los kurdos, la presidencia del parlamento a los suníes, y la jefatura de gobierno a los chiíes. Aunque este patrón no está explícitamente estipulado en el texto constitucional, efectivamente se ha convertido en un mecanismo para mantener el equilibrio entre las principales fuerzas políticas. Dentro de este marco, la competencia principal por la presidencia de Irak ha ocurrido consistentemente entre los dos partidos principales del Kurdistán iraquí: el Partido Democrático del Kurdistán y la Unión Patriótica del Kurdistán.
En la elección reciente también, el Partido Democrático del Kurdistán, citando su obtención de más de un millón de votos en regiones kurdas, buscó asegurar la presidencia iraquí esta vez y así alterar la ecuación tradicional de reparto de poder entre partidos kurdos. En contraste, la Unión Patriótica del Kurdistán, con apoyo de segmentos significativos de partidos chiíes y suníes, enfatizó la preservación del patrón anterior. Desde la perspectiva de muchos actores políticos en Bagdad, alterar esta convención podría tener consecuencias que se extienden más allá de la competencia intra-kurda y podrían incluso generar nuevas demandas de otros grupos para redefinir su participación en la estructura de poder.
Finalmente, el Parlamento iraquí, mediante su voto decisivo por Nizar Mohammed Saeed Al-Amidi de la Unión Patriótica del Kurdistán, concluyó esta competencia a favor de su partido. Al-Amidi obtuvo 208 votos de 249 emitidos, derrotando a rivales incluidos Fuad Hussein, candidato del Partido Democrático del Kurdistán, y fue elegido como presidente de Irak. Este resultado demuestra esencialmente la formación de un consenso relativo entre un amplio espectro de fuerzas políticas iraquíes para preservar el equilibrio existente dentro de la estructura de poder.
Nizar Al-Amidi nació en 1968 en la ciudad de Amadiya, gobernación de Dohuk, en la Región del Kurdistán de Irak. Completó sus estudios en ingeniería mecánica en la Universidad de Mosul y domina tanto el árabe como el kurdo. Al-Amidi es miembro del consejo de liderazgo y la oficina política de la Unión Patriótica del Kurdistán y ha desempeñado un papel en la estructura del gobierno central de Irak en años recientes. Se desempeñó como Ministro de Medio Ambiente de Irak de 2022 a 2024, y antes de eso, durante diversos mandatos presidiales—incluidos los de Fuad Masum y Barham Salih—tuvo la responsabilidad de gestionar la oficina presidencial. Estas credenciales le han proporcionado una considerable familiaridad con los mecanismos de poder en Bagdad y la interacción con diversos actores políticos.
Desde la perspectiva de los desarrollos políticos, la elección de Al-Amidi no fue meramente una competencia intra-kurda sino más bien un reflejo de la confrontación entre dos generaciones de políticos iraquíes posteriores a 2003. Masoud Barzani, apoyándose en redes tradicionales y alineación con políticos chiíes de primera generación como Nouri al-Maliki, apoyó al Partido Democrático del Kurdistán; en contraste, Bafel Talabani, basándose en generaciones más jóvenes de figuras chiíes y suníes como Qais al-Khazali y Mohammed al-Alusi, construyó una nueva coalición que finalmente aseguró un mayor apoyo parlamentario.
La importancia de la elección presidencial debe buscarse en su impacto directo en las etapas subsiguientes del proceso político del país. Según la Constitución de Irak, tras la elección, el presidente tiene el mandato de encomendar la tarea de formación del gobierno al candidato del bloque parlamentario más grande. Por esta razón, la selección presidencial constituye esencialmente un paso decisivo en la iniciación del proceso de selección del primer ministro y formación del gabinete. Desde esta perspectiva, uno de los obstáculos más difíciles para completar la estructura política de Irak—a saber, resolver la cartera presidencial—ha sido eliminado.
Las consecuencias de esta elección también pueden evaluarse como en gran medida positivas. Primero, la selección de Al-Amidi demostró que a pesar de la intensa competencia política, la posibilidad de alcanzar consenso entre los principales actores de Irak aún existe. Tal consenso puede ayudar a reducir las tensiones políticas y prevenir que el país entre en períodos prolongados de estancamiento político. Segundo, consolidar la convención de reparto de poder entre grupos principales previene la emergencia de nuevas demandas y competencias costosas para redefinir las participaciones de diversos grupos en la estructura gobernante.
Además, la elección de un nuevo presidente puede facilitar y acelerar el proceso de formación del gobierno. Con esta etapa clarificada, las fuerzas políticas ahora dirigen su atención al paso más sensible: seleccionar al primer ministro y formar el gabinete. En este contexto, el papel de la Coalición para la Reconstrucción y el Desarrollo, liderada por Mohammed Shia’ al-Sudani, en el apoyo al proceso de selección presidencial podría mejorar sus perspectivas para continuar como primer ministro, aunque la posibilidad de que se propongan otras opciones basadas en consenso permanece.
En resumen, la elección de Nizar Al-Amidi puede considerarse un paso importante en la culminación de la estructura de poder tras las elecciones parlamentarias de Irak. Esta selección no solo previene tensiones generalizadas en las ecuaciones políticas, sino que también allana el camino para que el país ingrese a la etapa de formación del gobierno. Si este proceso continúa con consenso relativo entre las fuerzas políticas, se puede esperar que Irak disfrute de mayor estabilidad política en el período venidero—un prerrequisito fundamental para fortalecer la seguridad, el desarrollo económico y el progreso del país en los años futuros.
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