Hamid Khoshayand – Experto en Asuntos Internacionales
El régimen sionista es uno de los actores destructivos que ha realizado inversiones significativas en el campo de la inteligencia artificial y utiliza esta tecnología en diversos sectores, incluido su poderío militar. La guerra en Gaza y el reciente conflicto contra la República Islámica de Irán, en los que el régimen sionista ha empleado herramientas de inteligencia artificial para asesinar a altos comandantes militares, científicos nucleares, destruir zonas residenciales y masacrar civiles, han vuelto a centrar la atención en el papel de la inteligencia artificial en las estrategias defensivas y ofensivas del régimen sionista. Sobre todo porque el régimen sionista no reconoce ningún límite en el uso de la inteligencia artificial para avanzar en sus programas militares y agresivos.
La experiencia de la guerra en Gaza, el asesinato de comandantes de la resistencia en Líbano y en la región, así como el ataque militar contra Irán, demuestra claramente que el ejército del régimen sionista, violando gravemente el derecho internacional y las normas de guerra, abusa de la inteligencia artificial para analizar enormes volúmenes de datos recopilados de diversas fuentes (como drones, imágenes satelitales, información obtenida de fuentes humanas, entre otros). Sistemas como «The Gospel», capaces de procesar y analizar datos de inteligencia para identificar objetivos, son un ejemplo de este tipo de estas aplicaciones.
Una preocupación importante en la actualidad es que el uso de la inteligencia artificial por parte del régimen sionista y también del gobierno estadounidense en conflictos bélicos ha incrementado drásticamente el número de víctimas civiles y los daños materiales en zonas, instalaciones y centros no militares, debido a errores sistémicos o decisiones automatizadas. La mayor inquietud en este sentido es el desarrollo y empleo de armas autónomas letales (LAWS), capaces de tomar decisiones para destruir y matar sin intervención humana directa. La regulación del uso de la inteligencia artificial, mediante la definición de líneas rojas claras, puede garantizar que el control final sobre el uso de la fuerza y las armas militares permanezca en manos humanas. Esto podría prevenir en gran medida decisiones algorítmicas erróneas que resulten en víctimas civiles y el aumento de dichas pérdidas.
Como muestran los recientes conflictos en la región, especialmente por parte del régimen sionista, la expansión del uso de la inteligencia artificial en asuntos militares podría dar lugar a una nueva carrera armamentista y poner en peligro la estabilidad regional y global. Esta situación ha convertido la regulación de la inteligencia artificial en los ámbitos militar y armamentístico en una necesidad y una acción estratégica urgente.
Aunque algunos países, como la Unión Europea, han dado pasos importantes en esta materia y al aprobar la Ley de Inteligencia Artificial (AI Act), considerada una de las normativas más estrictas de la historia en este campo, buscan regular el uso de la inteligencia artificial en los sectores militar y armamentístico, estas medidas no son suficientes y es necesario que regulaciones similares se elaboren y adopten a nivel global, especialmente en Asia Occidental, para evitar el uso inhumano e irregular de la inteligencia artificial en guerras y armamentos.
Cabe destacar que la Ley de IA, que entra en vigor el 3 de agosto, está dirigida a empresas como OpenAI, Google, Meta, Anthropic y Mistral. Según esta ley, los modelos considerados de «riesgo sistémico» por la Unión Europea deben someterse a evaluaciones técnicas, informes, pruebas de resistencia y medidas de seguridad. Los modelos de riesgo sistémico son aquellos con una gran capacidad de procesamiento y que pueden tener impactos negativos en la salud pública, seguridad, los derechos fundamentales o el orden social. Las empresas que no cumplan con esta normativa enfrentarán sanciones severas de hasta 35 millones de euros o el 7% de sus ingresos globales.
Actualmente, la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta clave dentro de los arsenales militares. Sin embargo, este enorme potencial conlleva desafíos éticos, jurídicos y de seguridad sin precedentes, lo que hace aún más evidente la necesidad de regular y legislar su uso en los ámbitos militar y armamentístico.
En caso de errores o crímenes de guerra cometidos por sistemas basados en inteligencia artificial, determinar la responsabilidad (ya sea del desarrollador, del usuario o del comandante) resulta extremadamente difícil. Por ello, establecer marcos legales garantiza la rendición de cuentas y permite una regulación e incluso acciones legales.
Las soluciones propuestas pueden incluir lo siguiente: 1-Establecer acuerdos y tratados vinculantes a nivel global y regional para definir los límites permitidos y prohibidos del uso de la inteligencia artificial en asuntos militares. 2- Desarrollo y adhesión a principios éticos orientados por parte de los gobiernos y empresas activas en este sector. 3-Revisión constante y actualización de los marcos regulatorios, dada la rápida evolución de la inteligencia artificial. 4-Énfasis en la necesidad de mantener el control humano sobre las decisiones críticas, especialmente en el uso de fuerza letal.
En resumen, debe asegurarse que el uso de la inteligencia artificial en los sectores militar y armamentístico se realice de manera responsable, ética y eficaz, evitando consecuencias no deseadas y peligrosas.


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