Seyed Cyrus Abbasi – Experto en Asuntos Internacionales
Durante más de cuatro siglos, el poder marítimo se ha definido por un principio fundamental: cualquier país capaz de dominar los mares controlaría también el comercio mundial, los flujos energéticos y, en última instancia, el orden internacional. Desde el Imperio Británico hasta los Estados Unidos, esta lógica constituyó la piedra angular de la geopolítica marítima. La conocida teoría de Alfred Thayer Mahan se desarrolló igualmente sobre esta base, identificando la supremacía marítima como el requisito esencial para la supremacía mundial.
Sin embargo, los acontecimientos recientes indican que este patrón histórico se encuentra al borde de una transformación fundamental. La guerra en Ucrania, las tensiones en el mar Rojo, la competencia por el mar de China Meridional, la crisis del estrecho de Taiwán y, finalmente, la reciente guerra contra Irán transmiten un mensaje común. La era del dominio absoluto de los mares está llegando a su fin y está dando paso a un período en el que impedir que un adversario alcance la supremacía resulta más importante que ejercer un control marítimo completo.
Esta transformación no constituye únicamente un cambio militar; refleja, más bien, una profunda modificación de la economía política internacional. La seguridad marítima ya no se limita exclusivamente a la protección de las flotas navales. Se ha vuelto inseparable de la protección de las cadenas de suministro, las rutas de transporte energético, las redes comerciales y la infraestructura crítica de la economía mundial. Desde esta perspectiva, la competencia futura entre las grandes potencias se decidirá en el mar más que nunca.
El Fin de la Era del Dominio Marítimo Absoluto
Durante todo el siglo XX, la Marina de los Estados Unidos simbolizó el concepto de «control del mar». La presencia de portaaviones estadounidenses en todos los rincones del mundo creó la percepción de que Washington podía garantizar la libertad de navegación y neutralizar cualquier amenaza antes de que se materializara.
Sin embargo, los avances en la tecnología de misiles, drones navales, minas inteligentes, sistemas antibuque y redes de reconocimiento por satélite han modificado esta ecuación. Hoy en día ya no es necesario destruir por completo la flota naval del adversario. Basta con incrementar el coste de su despliegue hasta tal punto que pierda su libertad operativa.
Los investigadores de la S. Rajaratnam School of International Studies (RSIS) de Singapur describen esta situación como la «trampa de la negación marítima». Según este modelo, las potencias regionales no buscan obtener el control absoluto del mar; más bien, pretenden impedir que las grandes potencias hagan un uso irrestricto de él.
Este cambio representa una de las transformaciones estratégicas más importantes del presente siglo. Mientras que en el pasado el objetivo principal era dominar los mares, hoy el propósito fundamental consiste en impedir que los rivales alcancen dicha supremacía.
Los Puntos Estratégicos de Estrangulamiento Marítimo como Principal Escenario de la Competencia Geopolítica
Paralelamente a la transformación del concepto de poder marítimo, también ha aumentado la importancia de los puntos estratégicos de estrangulamiento. El estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb, el canal de Suez, el estrecho de Malaca y el estrecho de Taiwán ya no son simples rutas de transporte marítimo; se han convertido en nodos decisivos para la estabilidad de la economía mundial.
Cualquier interrupción en uno de estos pasos puede sumir en una crisis a las cadenas globales de suministro. La experiencia de los últimos años ha demostrado que incluso la mera amenaza de una interrupción en estas rutas basta para incrementar los precios de la energía, los costes de los seguros marítimos, los gastos de transporte y la inestabilidad de los mercados financieros.
La reciente guerra contra Irán también puso de relieve esta realidad. Incluso sin el cierre completo del estrecho de Ormuz, la mera posibilidad de que el paso pudiera volverse inseguro generó preocupación en los mercados mundiales y modificó los cálculos de numerosas empresas internacionales.
En este contexto, los expertos de Chatham House han advertido que, incluso después del fin de cualquier conflicto, la eliminación de posibles minas navales y el restablecimiento pleno de la seguridad de la navegación marítima constituirían un proceso largo, costoso y extremadamente complejo. Esta evaluación demuestra que, en el futuro, la seguridad marítima no se limitará a prevenir las guerras; la gestión de las consecuencias posteriores a las crisis se convertirá, por sí misma, en un componente esencial de la competencia entre las grandes potencias.


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