Barsam Mohammadi – Analista de Asuntos Regionales
En los últimos días de junio de 2026, Washington fue sede de la firma de un acuerdo marco trilateral entre el Líbano, el régimen sionista y Estados Unidos, con el fin, según la Casa Blanca, de poner fin a meses de enfrentamientos fronterizos y dar «un paso hacia la paz».
La realidad es que cualquier análisis realista de las disposiciones de este acuerdo, teniendo en cuenta las declaraciones explícitas de los funcionarios del régimen sionista, cuestiona la afirmación de que produce paz y plantea serias dudas sobre el destino de la soberanía y la integridad territorial del Líbano. Un acuerdo que no puede garantizar la retirada completa e incondicional de las fuerzas de ocupación no solo no es un paso hacia la paz, sino que resulta en la continuación e incluso institucionalización de la ocupación bajo una forma nueva y engañosa.
Lo que está ocurriendo hoy en el sur del Líbano es una amarga repetición de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU; una resolución cuyas promesas de retirada parcial y condicional condujeron efectivamente a la consolidación de la ocupación y a la transformación de las zonas fronterizas en áreas de seguridad y zonas de amortiguamiento, y nunca resultó en la liberación completa de los territorios ocupados.
Ocupación condicional; una paz que debilita la soberanía del Líbano
El problema fundamental del acuerdo de Washington reside en la imposición de una condición peligrosa que vincula la retirada de las fuerzas del régimen sionista al desarme de Hezbolá. Este enfoque, declarado explícitamente por el primer ministro y el ministro de Guerra del régimen sionista, significa efectivamente transferir los derechos soberanos del Líbano a un actor externo al control del gobierno central. Bajo este acuerdo, las fuerzas de ocupación permanecerán en «la mayoría de las partes» de las zonas meridionales, y su retirada está supeditada a decisiones o acontecimientos que están fundamentalmente fuera del control del Estado libanés.
Esta condición no solo constituye una violación flagrante de la soberanía y la integridad territorial de un Estado miembro de la ONU, sino que también coloca al Líbano en una posición donde el destino de su territorio está ligado a los cálculos militares y de seguridad de un grupo que es, a su vez, una parte principal del conflicto.
Hezbolá, como actor con una amplia base política y social dentro de la estructura de poder libanesa, ha calificado este acuerdo de «ilegítimo» y «humillante». Esta reacción indica que tal arreglo, en lugar de resolver las disputas, profundizará las divisiones internas. Un acuerdo carente de consenso nacional y que excluye o debilita a una de las principales corrientes políticas y sociales no solo no logrará traer la paz, sino que avivará los desacuerdos internos y pondrá en mayor peligro la frágil estabilidad del Líbano.
Consecuencias legales y de seguridad del acuerdo de Washington
Más allá de la violación de la soberanía, este acuerdo otorga una vez más legitimidad al obsoleto modelo de «zonas de seguridad» y «cinturones de amortiguamiento», que tiene un doloroso historial en el sur del Líbano. El reconocimiento implícito de una presencia a largo plazo del régimen sionista en partes del sur del Líbano equivale efectivamente a un nuevo reparto del territorio del país y a la institucionalización selectiva de la ocupación, una situación en la que el régimen sionista se reserva el derecho de redefinir las fronteras y las zonas de seguridad.
La dura realidad sobre el terreno también confirma esta afirmación; los ataques aéreos del régimen sionista continuaron en los días posteriores a la firma del acuerdo, lo que indica que la naturaleza agresiva y ocupacional de este régimen no ha cambiado. Por lo tanto, este acuerdo no solo ha fracasado en crear un escudo de seguridad eficaz para el Líbano, sino que, al normalizar la presencia militar del enemigo, ha introducido amenazas nuevas y más integrales contra el país.
Es necesario señalar que, desde la perspectiva del derecho internacional, cualquier acuerdo que contradiga los principios fundamentales de la Carta de la ONU y las resoluciones del Consejo de Seguridad y que ignore la integridad territorial de un Estado carece de legitimidad jurídica y no puede servir como base para un orden regional. La insistencia en la continuación de la ocupación, incluso bajo una forma engañosa acompañada de condiciones políticas, expone aún más la ilusión de la paz y allana el camino para crisis posteriores.
La necesidad de vigilancia regional ante las consecuencias del acuerdo
En este contexto, el papel y la posición de los países regionales son de especial importancia. La región hoy necesita paz y estabilidad más que nunca, y la experiencia histórica ha demostrado que la estabilidad económica y la seguridad nacional de los países regionales dependen de mantener la estabilidad en toda Asia Occidental, desde el Mediterráneo hasta el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, lo que se persigue en el acuerdo de Washington no es sino una provocación estadounidense destinada a mantener su hegemonía y crear nuevas divisiones regionales. A través de este acuerdo, Estados Unidos busca mantener las llamas del conflicto en el Líbano y sus alrededores para gestionar las ecuaciones de seguridad en su propio favor y en el del régimen sionista. Por lo tanto, la vigilancia de los Estados ribereños del Golfo Pérsico frente a estas maniobras no es una opción, sino una necesidad estratégica. La alineación con este enfoque estadounidense, que bajo la apariencia de paz socava la estabilidad regional e impone onerosos costos militares y de seguridad a la economía regional, será perjudicial para todos los países de la región.
Una economía dinámica y las perspectivas de desarrollo de los países regionales requieren un entorno libre de tensiones y ocupación, y cualquier tolerancia de los proyectos secesionistas y basados en la ocupación terminará por enfrentar a la seguridad colectiva regional con desafíos irreparables.
El Líbano, con su trasfondo histórico y su distinguida posición geográfica, siempre ha desempeñado un papel influyente en las dinámicas regionales, y su identidad multicultural y su convivencia representan un activo valioso para todos los vecinos. Sin embargo, este papel no debe ejercerse a expensas de ignorar sus derechos soberanos fundamentales y su integridad territorial. La legitimidad de cualquier acuerdo internacional depende de la adhesión a la justicia y a los principios jurídicos reconocidos, y la paz sostenible nunca puede construirse sobre la injusticia y la continuación de la ocupación.
El único camino fiable y racional hacia la estabilidad es la retirada completa e incondicional de las fuerzas de ocupación de todos los territorios libaneses y el restablecimiento de la plena soberanía del Estado libanés sobre la totalidad de su territorio. Cualquier desviación de este principio evidente no solo oscurecerá el futuro del Líbano, sino que también extenderá sus consecuencias económicas y de seguridad a toda la región y socavará de manera duradera la confianza colectiva en los mecanismos internacionales.
La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.


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