Barsam Mohammadi – Experto en asuntos regionales
Lo que distingue esta tendencia de protestas anteriores no es solo su alcance y velocidad, sino también su trascendencia más allá del límite de la ira puramente popular y su entrada en el ámbito de acciones gubernamentales formales. Los crímenes de guerra en Gaza, Líbano, y más recientemente la agresión brutal contra Irán y la comisión de crímenes de guerra mediante ataques contra áreas residenciales, infraestructuras vitales, centros energéticos, etc., han creado una línea roja en la opinión pública europea que ya no puede gestionarse con eslóganes generales y declaraciones cautelosas.
España, como pionera de este movimiento, ha colocado oficialmente en la agenda la cancelación de su acuerdo de cooperación militar con el régimen sionista. Esta acción de España, que durante años había sido un partidario relativo de los derechos palestinos, ha adquirido ahora una dimensión práctica y ha ido más allá de una postura simbólica. Sin embargo, más sorprendente es el cambio en las posiciones de Francia e Italia. París, que siempre se ha considerado un aliado estratégico del régimen sionista, tras los ataques del régimen contra Líbano y el targeting de cascos azules franceses en ese país, ha adoptado posiciones que los medios sionistas describen como anti-israelíes. Incluso la derecha italiana, liderada por Giorgia Meloni, contrariamente a todas las expectativas convencionales, ha suspendido su acuerdo de cooperación de defensa con el régimen sionista. Aunque Alemania e Italia han detenido por el momento la propuesta de España de cancelar el acuerdo de la Unión Europea con el régimen sionista, este tema no afectará la tendencia creciente del sentimiento anti-israelí en Europa. Esta realidad indica que los gobiernos europeos, algunos de los cuales tienen un historial de estricto apoyo al régimen sionista, han finalmente comprendido que la cooperación con este régimen se ha vuelto problemática para ellos.
A nivel supragubernamental, la iniciativa ciudadana «Justicia para Palestina» en ciudades europeas ha, en solo tres meses, recopilado más de un millón de firmas, lo cual, más allá de ser una simple petición en línea, se ha convertido en un indicador de un cambio generacional en las actitudes de los europeos hacia la cuestión palestina. Simultáneamente, más de 350 exfuncionarios europeos, desde diplomáticos hasta generales y ministros, han llamado a la suspensión del acuerdo de asociación de la Unión Europea con el régimen sionista. Este volumen de consenso entre las antiguas élites políticas y de seguridad europeas es sin precedentes y transmite un mensaje claro a los gobiernos actuales: el apoyo incondicional al régimen sionista ya no se considera una necesidad o realismo estratégico, sino más bien como una acción costosa.
Las causas de la transformación de esta ira pública en acción política formal están enraizadas en dos factores: primero, la incapacidad del régimen sionista de presentar una narrativa convincente de sus operaciones militares y crímenes de guerra que justifique las víctimas civiles y la destrucción de infraestructuras vitales en Gaza, Líbano, e incluso Irán. Las imágenes transmitidas del bombardeo de hospitales, escuelas y campos de refugiados han colocado incluso a los partidarios occidentales más acérrimos en una posición difícil. Segundo, el crecimiento significativo de la conciencia pública en Europa respecto a los dobles estándares en la política exterior de los países occidentales. Los ciudadanos europeos comprenden claramente que los mismos principios de derechos humanos que se defienden firmemente en Ucrania se ignoran fácilmente en Gaza y Líbano. Esta contradicción evidente ha socavado la legitimidad de la política exterior de Europa ante los ojos de la opinión pública.
Una evaluación de las consecuencias de esta tendencia indica que el sistema internacional enfrenta un punto de inflexión histórico. A diferencia de períodos anteriores de tensión—como la guerra del Líbano de 2006 o las operaciones en Gaza en 2008 y 2014—esta vez no solo países de izquierda o escandinavos, sino una coalición de izquierda a derecha en Europa se ha unido contra las políticas del régimen sionista. Italia, Hungría y Austria, que hasta hace poco eran consideradas aliadas leales de Tel Aviv en el Consejo de Europa, ahora o bien han permanecido en silencio o han adoptado posiciones críticas. Este nuevo consenso ha reducido significativamente el poder de maniobra de los lobbies del régimen sionista en Bruselas y las capitales europeas.
La divergencia entre las reacciones gubernamentales y la opinión pública es también un punto importante. En muchos países europeos, los gobiernos han reaccionado con retraso y bajo la influencia de la presión pública. Francia y Alemania, que tienen un largo historial de supresión de protestas pro-palestinas, ahora se ven obligadas a criticar al régimen sionista. Esto indica que ya no es posible considerar un refugio diplomático para el régimen sionista en Europa; un lugar donde los gobiernos brindan apoyo entre bastidores mientras muestran exteriormente neutralidad ante la opinión pública. La brecha entre las élites políticas y los ciudadanos se está cerrando, pero esta vez a favor de las demandas populares.
Sin embargo, no deben pasarse por alto las dificultades del camino por delante. Alemania sigue siendo todavía uno de los partidarios más firmes del régimen sionista, y Estados Unidos, al vetar resoluciones del Consejo de Seguridad, impide el colapso completo del apoyo diplomático a Tel Aviv. Además, los acuerdos de cooperación entre la Unión Europea y el régimen sionista incluyen cláusulas que hacen que la cancelación unilateral sea costosa y compleja. No obstante, la tendencia actual muestra que incluso los gobiernos europeos cautelosos se ven obligados a adaptarse gradualmente a las demandas públicas. Desde el reconocimiento del Estado de Palestina por España, Irlanda y Noruega, hasta el retiro de embajadores y la suspensión de ventas de armas, Europa está pasando de declaraciones políticas a acciones prácticas.
En general, lo que se desarrolla en Europa hoy hace imposible un retorno a la situación anterior. Incluso si la guerra en Gaza y Líbano se calma, el nivel de desconfianza y demandas en Europa no volverá al nivel previo a 2023. El régimen sionista ha perdido permanentemente una parte significativa de su capital simbólico y político en Europa. Esta es una noticia muy desalentadora para la posición y el futuro de este régimen en Occidente, pero desde la perspectiva del derecho internacional y la justicia, puede considerarse como un punto final a una excepción histórica que ya no es tolerable.
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