Meysam Ghodousi – Experto en asuntos regionales
Durante décadas, el estrecho de Ormuz fue percibido simplemente como una arteria vital del sistema energético mundial. La suposición predominante era que su cierre sería tan catastrófico que ningún actor se atrevería a emprender una acción de ese tipo. La guerra actual ha alterado permanentemente esta percepción. Lo que ahora se desarrolla en las aguas del golfo Pérsico no es una interrupción temporal, sino el nacimiento de una geopolítica en toda regla.
El control de los puntos críticos de estrangulamiento se ha convertido ahora en el objetivo principal de la competencia estratégica. Al crear una interrupción práctica en el estrecho de Ormuz y posteriormente declarar el derecho a recibir pagos a cambio de prestar diversos servicios a las embarcaciones, Irán ha transformado esta vía marítima de una infraestructura pasiva en una palanca de disuasión. Occidente, mediante un bloqueo recíproco e intentos de obstaculizar el movimiento de los petroleros iraníes, ha legitimado de hecho este nuevo juego.
Aproximadamente entre el 11 y el 13 por ciento del petróleo mundial era transportado a través del estrecho de Ormuz. La repentina eliminación de este volumen ha impulsado los precios del crudo hasta el umbral de los 126 dólares por barril en pocas semanas. El Índice de Precios al Consumidor de Estados Unidos aumentó un 0,6 por ciento en abril, alcanzando su nivel más alto desde mayo de 2023. La inflación anual en Filipinas también aumentó del 4,1 al 7,2 por ciento, y la inflación de Turquía pasó del 30,9 al 32,4 por ciento. Estas cifras representan solo el comienzo; el verdadero impacto aún no ha llegado a las cadenas de suministro ni a las cuentas bancarias de los consumidores finales.
Altos costos y transformación estructural de la economía mundial
Los efectos destructivos de este estancamiento no se limitan a las fronteras de Asia Occidental; cada día surgen nuevas dimensiones en diversas partes del mundo. En Filipinas se ha declarado una emergencia energética y cerca del tres por ciento de las estaciones de servicio del país han cerrado debido a la escasez de combustible. Corea del Sur, una de las principales economías industriales del mundo, enfrenta un serio desafío para asegurar apenas tres meses de reservas estratégicas de petróleo procedentes de fuentes distintas a Ormuz. El gobierno ha restringido el estacionamiento de vehículos privados y ha alentado a los ciudadanos a utilizar el transporte público.
En Bangladesh, la refinería estatal ha cerrado por falta de petróleo crudo, y los precios de la gasolina y el diésel han aumentado entre un once y un quince por ciento. Esta situación también ha amenazado gravemente los medios de vida de barqueros y pescadores, muchos de los cuales se han visto obligados a operar con un solo motor para ahorrar combustible. La aerolínea alemana Lufthansa ha cancelado veinte mil vuelos de verano debido a preocupaciones por la escasez de combustible, y esto es solo la punta del iceberg.
Un analista principal del instituto Chatham House ha advertido que el impacto inflacionario de la crisis de Ormuz apenas ha comenzado. Los bancos centrales de todo el mundo se enfrentarán a un dilema similar al de la era de Paul Volcker en la década de 1980; sin embargo, esta vez las herramientas clásicas para contener la inflación —como el aumento de los tipos de interés— no podrán reducir los precios del petróleo. La economía mundial aún no se ha recuperado del impacto posterior a la COVID-19 y de la guerra de Ucrania, y las heridas inflacionarias de ese período todavía no han cicatrizado. Las expectativas inflacionarias de empresas y hogares se estimulan fácilmente y, esta vez, los gobiernos se ven obligados a adoptar políticas fiscales expansivas para cubrir los costos de la guerra y garantizar la seguridad energética, una medida que alimenta aún más la inflación.
Transición forzada: hacia los vehículos eléctricos
Mientras tanto, a diferencia de todas las crisis petroleras anteriores, la crisis de Ormuz ha coincidido con una transformación tecnológica que podría alterar permanentemente la estructura de la demanda energética mundial. La adopción de vehículos eléctricos ha aumentado notablemente en diversas partes del mundo, y este incremento ya no está impulsado por preocupaciones climáticas, sino por un cálculo puramente económico.
En el Reino Unido, las ventas de vehículos eléctricos aumentaron un veinticuatro por ciento en marzo en comparación con el mismo período del año anterior. Por primera vez, el precio promedio de un vehículo eléctrico cayó por debajo del de un modelo de gasolina comparable, un momento decisivo en la economía del transporte. En Vietnam, las ventas de vehículos eléctricos nacionales (VinFast) aumentaron un 127 por ciento, representando el cuarenta por ciento de las ventas de vehículos nuevos en el país.
Sin embargo, el principal actor de esta transformación es, sin duda, China. En 2024, China produjo más de doce millones de vehículos eléctricos, híbridos y de pila de combustible, lo que representa el setenta por ciento de la producción mundial. El cincuenta y tres por ciento de las nuevas matriculaciones de vehículos en China correspondió a vehículos eléctricos, y la capacidad anual de producción del país alcanzó los veinte millones de unidades. Solo en marzo, las exportaciones chinas de vehículos eléctricos totalizaron 371.000 unidades, un incremento del 130 por ciento en comparación con el mismo período del año anterior. El fabricante chino de baterías CATL también anunció recientemente el desarrollo de una nueva batería que permite a un vehículo eléctrico recorrer 1.500 kilómetros con una sola carga. Estos avances indican que la crisis de Ormuz, aunque problemática, ha servido paradójicamente como un poderoso acelerador de la transición fuera de la era del petróleo.
Legitimación de la disuasión: el reconocimiento reticente de Occidente de la nueva ecuación
Quizás la consecuencia estratégica más profunda de la crisis actual sea la transformación que se ha producido en la mentalidad de las élites de seguridad occidentales. Por primera vez, los debates y análisis oficiales y semioficiales en Washington y Londres están siendo redactados en un lenguaje que anteriormente solo aparecía en círculos académicos, e incluso entonces con extrema cautela. El reconocimiento de la capacidad de Irán para interrumpir el estrecho de Ormuz e imponer costos extraordinarios a la economía mundial ya no es un escenario teórico, sino una realidad reflejada en informes clasificados de la CIA y evaluaciones del Pentágono.
Un documento publicado por el Center for Strategic and International Studies hace referencia explícita a la capacidad de Irán para resistir un bloqueo total durante al menos tres o cuatro meses. Esta revelación de información sensible constituye por sí misma una señal de aceptación de la incapacidad para lograr una derrota rápida y una legitimación de la nueva ecuación de disuasión. Incluso los artículos más duros que exigen “golpear la yugular de Irán” e implementar bloqueos completos por aire y tierra confirman esta realidad desde otra perspectiva. Tales soluciones extremas y, en ocasiones, poco prácticas solo entran en la agenda cuando las opciones convencionales han llegado a un punto muerto.
Irán, reconociendo esta transformación, ha diseñado su diplomacia sobre la base de la “resistencia y la disuasión”, planteando condiciones —incluido el levantamiento de sanciones, la liberación de activos congelados, compensaciones y el derecho a controlar el tránsito por Ormuz— que habrían sido inimaginables hace un año.
El mundo está bloqueado sin Irán, no en el sentido de que Irán posea la voluntad de cortar absolutamente los flujos energéticos, sino en el sentido de que ningún actor puede garantizar con confianza su estabilidad y seguridad energéticas excluyendo a Teherán. Ormuz ya no es simplemente un estrecho. Representa una nueva ecuación geopolítica en la que la cerradura y la llave están en manos del actor que primero logró gestionar con éxito este peligroso escenario. La legitimidad de la disuasión de Irán nace precisamente de esta realidad.
La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.


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