Sareh Bayati – Experta en Asuntos Internacionales
El 24 de agosto de 2026, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció que lanzaría operaciones denominadas «Economic D-Day» con el objetivo de «cortar todas las arterias económicas vitales» de la República Islámica de Irán. Bessent comparó esta acción con la operación «D-Day» durante la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, un examen del contenido de este paquete de sanciones presenta un panorama diferente. El paquete anunciado incluye sanciones contra aproximadamente 60 entidades en Hong Kong, China, Malasia, los Emiratos Árabes Unidos y Singapur, la mayoría de las cuales son empresas pantalla e intermediarios que operan en sectores ya conocidos.
El propio Bessent ha descrito la medida como «un disparo de advertencia» en lugar de un golpe económico letal. También declaró que una importante institución financiera sería sancionada próximamente, pero explicó inmediatamente que no quería «hacer estallar el sistema financiero mundial». Estas declaraciones indican que Washington es incapaz de imponer una verdadera presión máxima sobre las principales entidades chinas y los grandes bancos, porque es plenamente consciente de que una medida de ese tipo podría conducir a una guerra comercial a gran escala.
El momento de estas medidas también es significativo. A medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026, la administración Trump necesita demostrar que ha obtenido resultados contra Irán. La guerra de seis meses, que comenzó con promesas de una victoria rápida, se ha convertido ahora en un estancamiento costoso para Estados Unidos, mientras que el descontento público en Estados Unidos y en otras partes del mundo ha incrementado aún más sus costos.
En tales circunstancias, el anuncio de una operación económica de gran repercusión con un nombre ambicioso puede considerarse un intento de trasladar el relato del fracaso militar hacia una «presión económica calibrada». Los analistas del Atlantic Council también han confirmado que algunos miembros de la administración de Washington han llegado a la conclusión de que «no es posible una victoria rápida mediante la fuerza militar» y buscan regresar a un enfoque «sostenible y de largo plazo». Sin embargo, mantener esta retirada táctica no será fácil para una administración conocida por su impaciencia y su comportamiento explosivo.
La resiliencia de la economía iraní
La economía iraní, a pesar de afrontar más de cuatro décadas de sanciones y la reciente guerra, ha continuado funcionando. Los datos sobre el terreno indican que las redes financieras y comerciales de Irán han respondido a las circunstancias cambiantes con una considerable flexibilidad.
Uno de los canales de financiación más importantes de Irán han sido los bancos de los Emiratos Árabes Unidos, que, bajo la presión de Washington, han anunciado en las últimas semanas que suspenderán sus relaciones financieras con Irán. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que tales medidas no provocan una interrupción completa de las actividades y que, cuando se cierra un canal, las actividades se trasladan inmediatamente a otro.
China sigue siendo el mayor socio comercial de Irán y compra aproximadamente el 90 % de las exportaciones de petróleo iraní. Estados Unidos sabe que sancionar a entidades chinas implica aceptar el riesgo de una guerra comercial con Pekín; un riesgo que Washington, especialmente ante la inminente visita de Xi Jinping a Estados Unidos y la proximidad de las elecciones, no está dispuesto a asumir.
Irán también cuenta con una amplia experiencia en la adaptación a las sanciones y puede utilizar diversas vías para eludir las restricciones. Bessent también ha reconocido que la cooperación de terceros países, particularmente China, es vital para el éxito de las operaciones estadounidenses contra Irán. Sin embargo, las pruebas indican que esta cooperación no alcanza un nivel capaz de conducir a la «derrota económica» de Irán.
Los costos de la guerra económica para Estados Unidos y sus aliados
La guerra económica contra Irán no impone costos únicamente a Irán; también ha enfrentado a la economía estadounidense y a las de sus aliados con graves desafíos. El mantenimiento del bloqueo del estrecho de Ormuz y la reducción de las exportaciones petroleras de Irán han mantenido elevados los precios mundiales del petróleo y han contribuido a la inflación mundial. El promedio semanal de las exportaciones de petróleo a través del estrecho de Ormuz durante el acuerdo de alto el fuego temporal en junio y julio fue de aproximadamente 9,8 millones de barriles diarios, lo que demuestra la sensibilidad del mercado ante cualquier mejora temporal.
No obstante, la intensificación de las sanciones y las amenazas de adoptar medidas contra las instituciones financieras internacionales han aumentado la incertidumbre y podrían perturbar la inversión y el comercio mundiales. Analistas del Quincy Institute han advertido que una campaña de presión a gran escala, aunque perjudicaría a Irán, también dañaría simultáneamente a la economía estadounidense y, particularmente, a las economías de los Estados del golfo Pérsico.
Los costos directos de la guerra también han sido enormes para Estados Unidos. Los informes indican que la Armada estadounidense se ha visto obligada a recurrir a su presupuesto de nóminas para financiar las operaciones en tiempos de guerra y posponer reparaciones no esenciales.
Esta situación ha suscitado serias dudas sobre la capacidad de Washington para responder a otras crisis. Mientras tanto, aliados regionales de Estados Unidos, como los Emiratos Árabes Unidos, se han encontrado en una situación difícil: por un lado, frente a la amenaza de sanciones estadounidenses y, por otro, frente a las medidas de represalia de Irán. Esta situación demuestra que el enfoque de «máxima presión» no solo no ha logrado aislar a Irán, sino que también ha impuesto elevados costos diplomáticos y económicos a Estados Unidos y a su red de aliados y, en la práctica, en lugar de debilitar a Teherán, ha puesto seriamente en entredicho la cooperación esperada del bando contrario.
La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.


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