La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Trump: Cambiando el Rumbo de la Política de Seguridad de EE.UU.

Strategic Council Online – Opinión: La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU., al abandonar una parte significativa de los compromisos multilaterales y basarse en una lógica transaccional, señala la entrada de Washington en una nueva etapa de política de poder.

Arian Norouzi – Analista de Relaciones Internacionales
La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Trump debe considerarse un punto de inflexión en la evolución de la política de seguridad estadounidense. Este documento no es una continuación natural de los anteriores, sino más bien una ruptura consciente con el liberalismo estratégico que, durante décadas, formó la base de la política exterior de Washington. En este nuevo marco, la seguridad ya no es el producto de compromisos normativos, instituciones multilaterales o responsabilidades globales, sino el resultado de cálculos directos de costo-beneficio, poder de negociación e intereses a corto y medio plazo.
En este documento, Estados Unidos declara explícitamente que sus capacidades y recursos son limitados y que no puede desempeñar un papel activo en todos los frentes simultáneamente. Por lo tanto, la reducción de compromisos multilaterales, la redefinición de alianzas y la priorización rigurosa de las principales amenazas se han puesto en la agenda. China y Rusia se presentan como los rivales estratégicos primarios, mientras que otros expedientes, incluido el de Asia Occidental, se relegan a niveles inferiores de urgencia e importancia. Esta perspectiva, a diferencia de narrativas anteriores, no ve al mundo como un escenario para expandir un orden centrado en EE.UU., sino como un campo de competencia entre grandes potencias.

China y Rusia en el Centro; Asia Occidental en los Márgenes
El enfoque de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 en China y Rusia significa una redistribución de la atención, los recursos y la energía de la política exterior estadounidense. Contener a China en tecnología, economía y cadenas de suministro, y gestionar la competencia con Rusia en Europa, se han convertido en prioridades principales. La consecuencia natural de este enfoque es un apetito reducido de EE.UU. por un compromiso costoso y sostenido en otras regiones.
Asia Occidental, que durante las últimas dos décadas ha sido uno de los principales escenarios de la intervención directa estadounidense, es ahora vista por Washington principalmente como una región para una «gestión minimalista». Esta gestión se define no por reconstruir un orden o ingeniería política, sino por acuerdos caso por caso, la delegación de responsabilidad a actores regionales y la evitación de compromisos a largo plazo. En otras palabras, EE.UU. no busca una salida completa, sino esforzarse por minimizar el costo de su presencia y distanciarse de conflictos desgastantes.
En tal entorno, el cambio en el enfoque estadounidense podría convertirse involuntariamente en una oportunidad para Irán. El transaccionalismo, más que la ideología, significa que Washington está más preparado que nunca para separar expedientes y priorizarlos. En este marco, Irán ya no está necesariamente en la cima de la lista de amenazas inmediatas, sino que es parte de una ecuación más grande moldeada por la competencia con China y Rusia.
La reducción de los compromisos multilaterales de EE.UU., especialmente en seguridad regional, podría aliviar la presión estructural sostenida sobre Irán. La política de «máxima presión» tenía sentido cuando Washington se consideraba comprometido a gestionar activamente el orden regional y agrupaba a sus aliados en este camino. Esa política, incluso según la propia admisión de Washington en su momento, ya había fracasado. Pero ahora, en una situación donde EE.UU. busca acuerdos temporales e incluso establece relaciones costo-beneficio con sus aliados europeos, construir un consenso sostenido contra Irán se vuelve más difícil. Desde una perspectiva realista, esta situación no significa la eliminación completa de las presiones, sino un cambio en su naturaleza: presiones más inestables, específicas para cada caso y dependientes de desarrollos temporales, lo que podría brindar a Teherán más oportunidad para gestionarlas y neutralizarlas.
Una consecuencia importante de este desarrollo es el aumento relativo de la resiliencia del Eje de la Resistencia frente a las políticas inestables de Estados Unidos. El transaccionalismo, más que una estrategia a largo plazo, lleva a las políticas de Washington en Asia Occidental a fluctuar y carecer de coherencia. Esta inestabilidad, aunque potencialmente peligrosa a corto plazo, beneficia a medio plazo a aquellos actores que se basan en redes regionales, lazos informales y capacidades indígenas.
El Eje de la Resistencia, con su larga experiencia enfrentando presión, sanciones e inestabilidad, puede, con un grado de flexibilidad, beneficiarse de los vacíos creados por la reducción de la presencia activa estadounidense en tal entorno. El debilitamiento del papel de EE.UU. como actor dominante significa un mayor papel para actores regionales y no occidentales en la configuración de las ecuaciones de seguridad —una tendencia consistente con la lógica y experiencia del Eje de la Resistencia.

Reordenando Oportunidades en el Orden en Transición
El cambio en el enfoque estadounidense, del liberalismo estratégico al transaccionalismo, muestra que Washington está preparado para retroceder, si es necesario, incluso de compromisos con sus aliados más cercanos. Bajo tales condiciones, Irán puede gestionar las presiones externas fortaleciendo las relaciones con sus vecinos, expandiendo la cooperación de seguridad regional y aprovechando las brechas entre las grandes potencias. El enfoque de EE.UU. en China y Rusia crea más espacio de maniobra para las potencias medias, siempre que este espacio se utilice con realismo y evitando la prisa.
La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Trump es más que un simple documento de política; es una señal de que el orden internacional está transitando hacia una fase más fluida y competitiva. El transaccionalismo, la reducción de compromisos multilaterales y la priorización de la competencia con China y Rusia confrontan no solo a los aliados de Estados Unidos, sino también a sus rivales regionales, con nuevas realidades.
Aprovechar la oportunidad creada requiere inteligencia estratégica, cohesión interna y diplomacia activa. En un mundo donde Estados Unidos se ha vuelto más impredecible que nunca, los actores más exitosos serán aquellos que dependan menos de la estabilidad de las políticas de Washington y más en sus propias capacidades y vínculos con otros.

La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.

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