Mohsen Rouhi Sefat, en una conversación con el sitio web del Consejo Estratégico de Relaciones Exteriores, declaró: «La decisión de Washington de retirarse de Afganistán, contrariamente a la percepción pública, no fue el resultado de una derrota en el campo de batalla, sino parte de un acuerdo político y de seguridad que se suponía iba a implementarse con los talibanes. En este acuerdo, Estados Unidos aceptó que una parte significativa del poder político afgano, incluida la presidencia del gobierno, fuera transferida a los talibanes, y a cambio, algunas bases clave, incluida Bagram, permanecerían bajo control estadounidense.»
Según este analista, «El objetivo de Estados Unidos era reducir los costos exorbitantes de la presencia militar en Afganistán y realizar una transferencia gradual del poder, pero varios factores clave frustraron este proceso. Primero, los ataques de ISIS-K (Estado Islámico del Khorasán), que con operaciones repentinas y sangrientas, precipitaron y desorganizaron la salida estadounidense. Segundo, las disputas internas dentro de los talibanes y la resistencia de algunos grupos a los acuerdos encubiertos con Washington. Tercero, los desarrollos inesperados en Kabul, donde el rápido colapso del gobierno central alteró los cálculos de Estados Unidos y sus aliados.»
Rouhi Sefat, refiriéndose a la experiencia de los años pasados, añade: «La importancia de Bagram para Estados Unidos no se limita solo a Afganistán. Esta base, además de proporcionar la capacidad de vigilar y monitorear a Irán, también tiene una posición estratégica para observar los movimientos de cuatro potencias atómicas del mundo: China, Rusia, India y Pakistán. La proximidad geográfica de Bagram a las áreas donde China tiene extensas actividades nucleares e infraestructurales, le da a Estados Unidos la capacidad, si es necesario, de monitorear o incluso interferir en las rutas vitales de comunicación y comercio de China.»
Según la creencia de este experto en asuntos de Afganistán y Pakistán, «La retirada estadounidense de Afganistán durante el gobierno de Biden no solo cambió las ecuaciones de seguridad regional, sino que también le dio a China la oportunidad de expandir su influencia económica e infraestructural a través de la iniciativa ‘Belt and Road’ hacia Asia Central y Asia Occidental. En tal situación, el posible regreso de Washington a Bagram podría ser un esfuerzo por crear una palanca de presión sobre Pekín y contener el acceso terrestre de China a los mercados globales; una ruta que pasa por Kazajistán, Kirguistán, Afganistán e Irán y que es de vital importancia para la economía china.»
Rouhi Sefat señala además que «Estados Unidos ha tenido en cuenta desde hace mucho tiempo la dependencia de China de las rutas marítimas y su capacidad de influir sobre ellas; rutas que están bajo la supervisión y control del poder naval de Washington. Una presencia renovada en Bagram, desde la perspectiva del analista senior de asuntos de Afganistán y Pakistán, podría complementar esta presión marítima y formar una estrategia combinada: control del mar por un lado y dominio de las rutas terrestres por el otro.»
Él recuerda que «La decisión de retirar las tropas estadounidenses se planteó por primera vez durante el gobierno de Obama y Trump también la continuó con su eslogan de poner fin a las guerras interminables, pero en la práctica, Washington nunca olvidó la importancia geopolítica de Afganistán. Por esta razón, el regreso a Bagram, en la opinión de muchos analistas, no es un cambio de política, sino un esfuerzo por completar el escenario inconcluso de Estados Unidos en la región.»
En opinión de este analista, los esfuerzos por una posible presencia renovada de Estados Unidos en Afganistán podrían tener consecuencias contradictorias para la región. Por un lado, algunos actores regionales podrían beneficiarse de la contención de las amenazas terroristas y la prevención de la expansión del ISIS, pero por otro lado, la competencia entre las grandes potencias y la transformación de Afganistán en un nuevo campo de conflicto entre Washington y Pekín podría amenazar aún más la frágil estabilidad de la región.»
Finalmente, Rouhi Sefat enfatiza que «El futuro de Afganistán y la seguridad regional no deben ser sacrificados en la competencia geopolítica de las potencias globales.» Al referirse a la reciente posición de China, él recuerda que «La única vía sostenible para la estabilidad de Afganistán es respetar el derecho a la soberanía y a la decisión del pueblo de este país, y cualquier presencia militar extranjera no solo no ayudará a la paz, sino que intensificará las tensiones.»
«La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.»


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