Mohammad Besharati – Experto en asuntos regionales
El fin de una era: la erosión del paraguas de seguridad de Estados Unidos
Durante décadas, la estructura de seguridad del Golfo Pérsico se basó en un principio simple: que la seguridad regional debía garantizarse desde el exterior. Una amplia presencia militar estadounidense, bases permanentes, la Quinta Flota y acuerdos de seguridad bilaterales formaban parte de una estructura consolidada tras la Guerra Fría. En aquella época, muchos Estados árabes del Golfo Pérsico definían su estabilidad mediante una alineación total con el poder militar de Washington. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años han demostrado que este modelo ya no posee la eficacia de antaño. La retirada precipitada de Estados Unidos de Afganistán, su incapacidad para gestionar las crisis regionales y la vacilación de Washington para entrar en nuevas guerras costosas han cuestionado progresivamente la confianza tradicional de los aliados árabes en el paraguas de seguridad estadounidense.
Las guerras recientes y las tensiones directas entre Irán y Estados Unidos también han revelado la realidad de que, en caso de una gran crisis, los gobiernos regionales serían las primeras víctimas de la inestabilidad. Los ataques a infraestructuras energéticas, las preocupaciones sobre la inseguridad de las rutas marítimas y el posible cierre del estrecho de Ormuz han recordado a los países árabes del Golfo Pérsico que la seguridad no puede simplemente importarse.
En consecuencia, ha surgido una forma de replanteamiento estratégico en las capitales de la región. Este replanteamiento ha reforzado gradualmente la idea de que una estabilidad sostenible solo será posible cuando los principales actores de la región, incluido Irán, formen parte de la ecuación de seguridad.
De la confrontación al fortalecimiento del compromiso de vecindad
Las relaciones entre Irán y algunos países árabes del Golfo Pérsico han estado, durante años, influenciadas por rivalidades geopolíticas, guerras por delegación y desconfianza en materia de seguridad. Sin embargo, la realidad de la geografía siempre ha impuesto una verdad innegable: Irán no es ni eliminable ni ignorable.
Esta misma realidad ha modificado gradualmente la trayectoria de la política regional. Los diálogos entre Teherán y Riad, la restauración de las relaciones diplomáticas y el aumento de los contactos políticos y de seguridad entre Irán y los países árabes son indicadores claros de esta transformación. Incluso países que hasta hace pocos años seguían una política de contención total de Irán ahora hablan de la necesidad de gestionar las diferencias y prevenir tensiones generalizadas.
En este contexto, los países del Golfo Pérsico han comprendido que el costo de una confrontación permanente con Irán es mucho mayor que el de un compromiso controlado con Teherán. La seguridad energética, la inversión extranjera, los grandes proyectos económicos y las perspectivas de desarrollo requieren un entorno estable, un entorno que no será posible sin una forma de entendimiento regional. En realidad, la región avanza gradualmente de la lógica de “coalición contra Irán” hacia la lógica de “coexistencia con Irán”. Esta transformación no surge de una confianza plena, sino de una forma de realismo geopolítico.
La entrada de nuevos actores y el declive de la hegemonía occidental exclusiva
Paralelamente a la disminución del papel de Estados Unidos en las ecuaciones de seguridad de la región, otros actores también han ampliado su presencia en el Golfo Pérsico. China ya no es solo un socio económico, sino que se ha convertido gradualmente en un actor político y de seguridad influyente en la región. La mediación de Pekín en el acercamiento entre Teherán y Riad fue una clara señal de esta transformación. Las potencias asiáticas, a diferencia del enfoque tradicional occidental, buscan no limitar sus relaciones a un solo actor. Cooperan simultáneamente con Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y otros países de la región, lo que ha incrementado el atractivo para los gobiernos del Golfo Pérsico.
Junto a China, algunos actores regionales también están asumiendo nuevos roles. Los acontecimientos recientes han mostrado que incluso países como Pakistán buscan desempeñar un papel más activo en las ecuaciones de seguridad del Golfo Pérsico. Esta tendencia indica que el orden de seguridad de la región ya no se define únicamente en torno a Washington.
En tal entorno, los gobiernos árabes del Golfo Pérsico buscan diversificar sus socios de seguridad y económicos. No desean vincular su futuro únicamente a las decisiones variables de la Casa Blanca y prefieren establecer una red equilibrada de relaciones regionales e internacionales.
El papel de Irán en la configuración del nuevo orden regional
Los acontecimientos actuales han creado una oportunidad importante para Irán. Teherán puede ahora aprovechar su posición geopolítica, sus capacidades energéticas y su influencia regional para desempeñar un papel más activo en la configuración del nuevo orden de seguridad. Por supuesto, este camino no es sencillo ni está exento de desafíos. Persisten desconfianzas históricas y las rivalidades geopolíticas no han desaparecido por completo. Sin embargo, la diferencia fundamental entre el presente y el pasado es que todos los actores regionales han comprendido claramente el costo de la inestabilidad generalizada.
Incluso algunos círculos occidentales han reconocido ahora que cualquier acuerdo sostenible entre Estados Unidos e Irán no podrá perdurar sin tener en cuenta las preocupaciones e intereses de los países del Golfo Pérsico. Esta realidad muestra que la seguridad regional ya no puede ser diseñada e impuesta únicamente desde el exterior. Si Irán logra equilibrar la disuasión y la diplomacia, tendrá la capacidad de pasar de ser un actor meramente securitario a convertirse en uno de los principales arquitectos del nuevo orden regional.
El Golfo Pérsico está atravesando una transición histórica. El orden de seguridad que durante décadas se basó en la presencia absoluta de Estados Unidos y la confrontación con Irán está dando paso gradualmente a un modelo más complejo y centrado en la región. Los países de la región han comprendido que la seguridad sostenible no se logra mediante una dependencia absoluta de las potencias extranjeras, sino mediante el compromiso, la gestión de diferencias y la aceptación de las realidades geopolíticas. En el centro de estas realidades, Irán se mantiene como un actor irremplazable.
La nueva estructura de seguridad del Golfo Pérsico aún no se ha formado por completo, pero su dirección general es clara. La región se dirige hacia un orden en el que el fortalecimiento de la diplomacia de vecindad con Irán tendrá más importancia que la dependencia unilateral de Estados Unidos.
«La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.»


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