Barsam Mohammadi – Experto en asuntos regionales
Entre los expertos, analistas y comentaristas de asuntos regionales, existe una visión predominante y tradicional que considera la disolución de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y su integración gradual o estructural en el cuerpo del gobierno central sirio como una rara victoria estratégica para Ankara; un desarrollo que, según ellos, constituye un paso fundamental hacia la seguridad de las fronteras meridionales de Turquía, la contención de los vínculos organizativos de este movimiento con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) y la eliminación de una amenaza geopolítica directa de una década de duración.
Aunque esta evaluación es notable desde la perspectiva del equilibrio militar y la realización de algunos de los objetivos a corto plazo de Turquía, y se presenta en el espacio político y mediático turco como un gran éxito para salvaguardar su integridad nacional y su doctrina de seguridad, existe, por otro lado, una visión más realista; un enfoque que evalúa los desarrollos actuales no como el fin de las crisis y los desafíos de seguridad de Ankara, sino como el comienzo de una fase más compleja, más desgastante y con variables impredecibles en la escena siria de posguerra.
La crisis de los refugiados, las crecientes presiones económicas, la dependencia inevitable de socios inestables, la fragilidad estructural y la crisis de legitimidad del nuevo gobierno en Damasco, y finalmente el declive de la eficacia del discurso neoconservador regional, han formado un sistema de obstáculos estratégicos que Turquía enfrenta. Este conjunto de desafíos ha colocado a Turquía en una posición donde cualquier error de cálculo podría neutralizar todos sus logros previos sobre el terreno y diplomáticos.
Confrontación con el régimen israelí en un nuevo frente y surgimiento de nuevas líneas rojas
El desafío más importante y decisivo que enfrenta Ankara en las circunstancias actuales es la aparición del régimen israelí como un actor activo, intervencionista y disuasivo en el terreno y el espacio aéreo sirios. Tel Aviv, al atacar bases cercanas a Ankara, bombardear infraestructuras y profundizar los canales de comunicación abiertos y secretos con actores kurdos locales, se ha opuesto efectivamente al plan integral de Turquía para crear una Siria centralizada, estable y alineada con el eje de Ankara.
Las recientes declaraciones de altos funcionarios sionistas indican la formación de un conflicto de intereses estratégico y estructural entre Tel Aviv y Ankara. Benjamin Netanyahu ha advertido explícitamente sobre la transformación del «statu quo en los acuerdos de seguridad» debido a la presencia militar turca. Yechiel Leiter, el embajador del régimen en Estados Unidos, ha calificado el despliegue extensivo de Turquía en el Levante como un cruce de líneas rojas, y Gideon Sa’ar, el ministro de Asuntos Exteriores del régimen, ha considerado inaceptable cualquier consolidación de bases militares turcas en el interior del territorio sirio.
Desde la perspectiva de Tel Aviv, cualquier eliminación de las fuerzas centrífugas kurdas que conduzca a la formación de una soberanía nacional y cohesiva en Damasco bajo influencia turca modificaría el equilibrio de poder en detrimento de los intereses sionistas. Por lo tanto, la confrontación aérea y de seguridad contra los intereses regionales de Ankara se ha convertido en un orden del día serio para Tel Aviv.
Ambigüedades de implementación, transformación identitaria y crisis de legitimidad
El segundo desafío que enfrenta el aparato diplomático y militar turco es la dimensión operativa y la verificación del proceso de disolución de las FDS. Aunque la estructura militar turca considera el desmantelamiento formal de las FDS como un desarrollo positivo, existen profundas dudas sobre la transformación estructural y la preservación de núcleos combatientes autónomos bajo nuevos nombres, nuevas formaciones cuasi-militares o unidades locales autónomas.
La seguridad sostenible para Turquía no puede lograrse mediante un simple cambio de banderas organizativas; requiere la eliminación completa de las jerarquías de mando independientes, el desarme genuino y su integración incondicional en un ejército nacional unificado; una empresa que enfrenta numerosos obstáculos debido a las complejidades geopolíticas del terreno.
Además, la nueva estructura de gobernanza en Damasco, formada con el apoyo directo de Ankara, enfrenta fracturas identitarias y una crisis de legitimidad generalizada en la gestión de tensiones. La incapacidad para gestionar las demandas de las minorías y las comunidades religiosas y étnicas, especialmente en áreas como Suwayda y partes del sur y oeste de Siria, ha revelado la vulnerabilidad de la estructura política naciente. La persistencia de tensiones sectarias y étnicas no solo distorsiona la perspectiva de reproducción de la estabilidad política, sino que también amenaza nuevas oleadas de inseguridad, inestabilidad social y afluencia de refugiados hacia las fronteras turcas.
Profundización de la crisis de refugiados y erosión de los fundamentos económicos
Más allá de las consideraciones geoestratégicas, el principal talón de Aquiles de la política interna turca es la presencia de más de 2,24 millones de refugiados sirios en varias ciudades del país. A pesar de los enfoques y promesas del gobierno en el poder en Ankara para acelerar el proceso de su retorno voluntario tras los cambios en Damasco, las estadísticas reales indican una tendencia muy lenta e insuficiente; solo una fracción limitada de esta población ha regresado a su hogar hasta ahora. La persistencia de esta presencia impone importantes presiones sociales, tensiones étnicas y pesados costos de bienestar al gobierno turco.
En la esfera económica, la reconstrucción de las ruinas devastadas por la guerra en Siria, cuyo costo se estima entre 216 y 400 mil millones de dólares según las estimaciones internacionales, está más allá de la capacidad financiera y de infraestructura de Turquía. Mientras que Ankara esperaba que al desempeñar un papel central en Siria allanaría el camino para acceder a los mercados financieros del Golfo Pérsico, la falta de voluntad y la extrema cautela de las capitales árabes para inyectar inversiones a gran escala han estancado los planes turcos y han dejado a sus empresas de construcción e infraestructura enfrentando severas restricciones financieras.
Otro desafío para Ankara es la necesidad de equilibrar entre socios heterogéneos con intereses conflictivos. Turquía se ve obligada a coordinarse con los mecanismos regionales y las grandes potencias como Rusia e Irán para gestionar la fragilidad de seguridad en Siria, mientras mira a los países árabes para el capital de reconstrucción y confía en la OTAN y la flexibilidad occidental para contener las tensiones aéreas. Por otro lado, las élites gobernantes en Damasco, mientras se benefician del apoyo turco, también intentan evitar convertirse en un peón dependiente de Ankara y consolidar su independencia diplomática en equilibrio con otros actores de Oriente Medio.
Esta confluencia de intereses ha expuesto a Turquía a un riesgo persistente de mal cálculo. El intento de desempeñar un papel más allá de sus capacidades estructurales ha atrapado a Ankara en una situación de alto riesgo. Los ataques selectivos y los mensajes de advertencia del régimen israelí, así como la fragilidad del entorno interno sirio, han dejado claro que la disolución de las FDS no es el final del juego, sino el comienzo de un proceso desgastante que será una prueba difícil para la sostenibilidad estratégica y la diplomacia regional de Turquía.
La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.


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