Hamid Khoshayand – Experto en Asuntos Regionales
Con respecto al cese de la guerra entre la República Islámica de Irán y el régimen sionista, hay puntos notables, dos de los cuales se mencionan a continuación:
Primero; Es una suposición cierta que cualquier guerra termina cuando una de las partes es derrotada o sale victoriosa. Sin la realización de una derrota o victoria definitiva, es natural que la guerra no termine. La guerra impuesta por el régimen sionista contra la República Islámica de Irán no es una excepción a esta regla.
Aunque Netanyahu intenta en sus declaraciones retratarse a sí mismo como el vencedor de la guerra de 12 días, el resultado de la guerra no fue determinado por las declaraciones de funcionarios sionistas y estadounidenses, sino fundamentalmente por la situación en el terreno y el cambio en el balance de fuerzas, que en ambos casos, la balanza se inclina actualmente a favor de Irán. Según declaraciones de funcionarios anteriores y actuales del régimen sionista en los últimos días de la guerra, el régimen, a pesar del apoyo estadounidense, no tenía fuerzas para continuar la guerra.
La contundente respuesta de la República Islámica de Irán y la destrucción de los centros estratégicos y sensibles del régimen sionista, la ineficiencia y el fracaso de los sistemas de defensa multicapa para interceptar misiles y drones iraníes, la baja resiliencia de la sociedad sionista, la caótica situación social que obligó al régimen sionista a bloquear todas las rutas de salida marítimas, terrestres y aéreas para evitar la huida de sus ciudadanos, daños económicos y de infraestructura sin precedentes, exorbitantes costos en los tres sectores de defensa y defensa antimisiles, ofensiva y gastos adicionales (más de 8 mil millones de dólares en solo 12 días), así como el futuro incierto que aguardaba al régimen sionista y que podría haberlo llevado a su colapso si la guerra continuaba, fueron algunos de los factores clave que prácticamente acorralaron a los sionistas e hicieron imposible para ellos proseguir la guerra.
Mientras tanto, la extensión territorial de Irán, junto con su profundidad estratégica y posición geopolítica única, la cohesión interna sin precedentes en el país, la respuesta inteligente, dirigida y calculada de Irán, y sus altas capacidades misilísticas y de drones, se encuentran entre los factores decisivos y duraderos que impidieron que el régimen sionista y Estados Unidos lograran sus objetivos en su insensata agresión contra Irán.
Esto, mientras la entrada abierta de Estados Unidos en la guerra, que enfrentó una respuesta decisiva de la República Islámica y, en consecuencia, llevó al envío de mensajes indirectos a Irán sobre el fin del conflicto, mostró claramente que el régimen no tenía más remedio que detener la guerra y aceptar la derrota. Por lo tanto, ni los funcionarios estadounidenses ni los funcionarios sionistas pueden de ninguna manera ocultar o justificar la derrota de Estados Unidos y del régimen sionista en esta guerra.
En segundo lugar, Irán infligió golpes estratégicos al régimen criminal en esta guerra, y este no tuvo más remedio que intentar detener el conflicto. Con respecto al cese de la guerra entre Irán y el régimen sionista, debe tenerse en cuenta que, legalmente, un cese o alto el fuego no significa el fin de la guerra o im armisticio, sino que fundamentalmente implica un fin temporal del conflicto.
La ausencia de mecanismos sólidos de monitoreo y garantías de cumplimiento, el historial de desempeño y comportamiento indigno de confianza del régimen sionista en relación con los altos el fuego que ha tenido hasta ahora en varias guerras con países árabes, Líbano y Palestina, así como informes internos de instituciones de inteligencia y militares estadounidenses y del propio régimen sionista que señalan la supervivencia de las instalaciones nucleares iraníes, la preocupante situación de 400 kilogramos de uranio enriquecido, que han generado una profunda inquietud entre estadounidenses y sionistas, junto con las evidentes contradicciones en las posturas de las partes opuestas, incluyendo a Estados Unidos y el régimen sionista, constituyen una clara evidencia de la falta de confianza en la parte contraria y de la alta probabilidad de una violación del alto el fuego por parte del régimen.
Mientras tanto, los recientes movimientos de los aliados occidentales, que han enviado grandes cargamentos de armas al régimen sionista, y las nuevas declaraciones de Trump en la cumbre de la OTAN, indicando que «el conflicto entre Israel e Irán podría comenzar de nuevo, quizás pronto» son factores que exigen más que nunca una cuidadosa consideración de predicciones y preparativos necesarios y decisivos al más alto nivel para afrontar cualquier violación del alto el fuego por parte del régimen.
Cabe destacar que fuentes árabes informaron, al amanecer del jueves 5 de Tir / 26 de junio, de la llegada de 17 grandes cargamentos de armas a los territorios ocupados, que transportaban equipos y municiones militares, incluyendo bombas guiadas, sistemas de defensa de intercepción y misiles Hellfire.
El alto el fuego en la política exterior del régimen sionista no significa el cese de operaciones ni el fin de la guerra, sino el comienzo de la implementación de la estrategia de tolerancia cero y el cambio de fase de la guerra. Por lo tanto, nuestras fuerzas armadas e instituciones de inteligencia y seguridad están en plena alerta y vigilancia constante para que, en caso de violación del alto el fuego por parte del enemigo – que, por cierto, carece de los componentes de un acuerdo estable y válido, y fue aceptado por impotencia y necesidad –, una respuesta proporcional y disuasiva esté en la agenda.
La conclusión es que el cese de la guerra nunca significa el fin de la amenaza del régimen sionista. Por lo tanto, al enfrentarlo, incluso cuando no hay guerra, no se debe ser optimista; y mientras se fortalece y mejora cualitativa y cuantitativamente la infraestructura de información, seguridad y militar, se debe estar siempre en plena alerta.


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