Bardia Azadpour – Experto en asuntos internacionales
El vínculo entre dos guerras; ¿realidad sobre el terreno o narrativa geopolítica?
Según la evidencia disponible, la escalada de cada una de estas crisis puede afectar los recursos, la atención política y la capacidad militar de las partes.
El Atlantic Council, en un análisis, ha descrito el ataque de Ucrania contra un barco iraní en el mar Caspio como un ejemplo de un vínculo más directo entre las dos guerras, y cree que este evento ha aumentado la conexión entre las dos guerras. Este think tank reconoce la existencia de ciertos vínculos operativos y tecnológicos entre las dos guerras, pero especifica que esta realidad difiere de convertirlas en una sola guerra.
En contraste, el Australian Strategic Policy Institute (ASPI), en un análisis, ha afirmado la cooperación entre China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Este análisis ha considerado la venta reportada de sistemas de defensa aérea portátiles chinos a Irán y el apoyo de Rusia a Teherán como signos de una profundización de la cooperación entre estos países. Desde la perspectiva de este think tank, tal cooperación no puede considerarse una alianza militar sin considerar las diferencias en los intereses de los países.
Este mismo asunto aclara la distinción entre el «vínculo de las guerras» y la «formación de un bloque». La guerra en Ucrania ha permitido que Irán y Rusia se acerquen en áreas como la tecnología de drones, la evasión de sanciones y algunas cooperaciones militares, pero China, Rusia e Irán no tienen objetivos idénticos en todos los temas. China tiene extensas relaciones económicas con Occidente, Rusia persigue sus propias consideraciones específicas con respecto a Europa y Asia, e Irán también tiene intereses de seguridad y regionales independientes. Por lo tanto, una interpretación más precisa no es la formación de una alianza cohesionada y comandada, sino más bien la convergencia de intereses y el aumento de la cooperación.
El aumento de la nueva convergencia no occidental
El Lowy Institute, en un estudio sobre la cooperación entre Irán, Rusia, Corea del Norte y China, ha descrito esta cooperación como creciente pero «influenciada por intereses divergentes». Esta evaluación indica que la cooperación entre China, Rusia, Irán y Corea del Norte frente a la presión occidental puede ser real y en expansión, pero no significa necesariamente la adopción de una estrategia común en todas las áreas.
Para Irán, la importancia de estas cooperaciones aumenta en condiciones en que las presiones políticas, económicas y de seguridad occidentales se han intensificado. Desarrollar la cooperación con Rusia y China puede crear capacidades en las áreas de tecnología, comercio, financiamiento y mitigación de los efectos de las sanciones, pero esta tendencia no debe interpretarse como una garantía de un apoyo extenso de estos países a Teherán. Los intereses de Moscú y Pekín coinciden con los de Irán en algunos casos y pueden diferir en otros; por lo tanto, la política exterior de Irán aún requiere mantener la independencia en la toma de decisiones y diversificar sus relaciones exteriores.
Rusia también está persiguiendo sus desarrollos en el marco de los esfuerzos para reducir la dependencia de los mecanismos dominados por Occidente. El Russian International Affairs Council, al examinar la seguridad financiera de la Organización de Cooperación de Shanghái, ha enfatizado la creación de infraestructuras de liquidación financiera multilateral y la reducción de la vulnerabilidad de los miembros a las presiones financieras occidentales. Desde esta perspectiva, la guerra en Ucrania y las sanciones resultantes han aumentado la motivación de Moscú para desarrollar mecanismos financieros más independientes.
Un artículo en el sitio Russia in Global Affairs sobre el espacio de pago de los BRICS también ha examinado la propuesta de crear un espacio de pago común. Sin embargo, debe hacerse una distinción entre proponer un mecanismo, crear infraestructuras de liquidación con monedas nacionales e implementar un sistema de pago común. Las fuentes disponibles hablan más del diseño y la propuesta de mecanismos comunes, lo cual es insuficiente para afirmar la formación de un sistema financiero alternativo independiente del sistema occidental; por lo tanto, los BRICS en la actualidad no son una alternativa ya preparada al sistema financiero existente, sino más bien un espacio para la reducción gradual de la dependencia financiera.
Las guerras y la formación de un nuevo orden de poder
Mientras tanto, desde la perspectiva de Washington y Kiev, vincular las dos guerras cumple una función política y estratégica. Desde esta perspectiva, tal narrativa puede presentar la guerra en Irán como parte de una competencia más amplia con Rusia, China y otras potencias rivales, y justificar la necesidad de un apoyo continuo a los aliados.
Por otro lado, para la República Islámica de Irán, la simultaneidad de la guerra en Ucrania y la guerra de Estados Unidos y el régimen israelí contra Irán ha aumentado la importancia de las cooperaciones no occidentales. Estas cooperaciones pueden, en los ámbitos militar, tecnológico, económico y financiero, aliviar algunas de las presiones de las sanciones y políticas, pero no reemplazan las capacidades internas de Irán y su política exterior independiente. Al mismo tiempo, Teherán considera necesario no volverse completamente dependiente de un bloque antioccidental y potencialmente encontrarse en una posición vulnerable.
En general, la evidencia disponible apoya el escenario de una «convergencia estratégica sin declaración de alianza formal» más que cualquier otro. Los vínculos existentes entre la guerra en Ucrania y la guerra contra Irán se han vuelto más reales que una mera narrativa propagandística, pero son insuficientes para hablar de la formación de una alianza cohesionada y sostenible. La consecuencia más importante de esta tendencia es la formación gradual de redes de cooperación militar, tecnológica, financiera y política que podrían reducir la dependencia de algunos países de los mecanismos occidentales.
Para Irán, la principal oportunidad en esta tendencia es utilizar la capacidad de cooperación con Rusia, China y otros actores no occidentales para aumentar la resiliencia económica y de seguridad, mientras mantiene simultáneamente la independencia en la toma de decisiones. El futuro del orden internacional dependerá de la medida en que se resuelvan las diferencias entre estos países, de su capacidad económica y de la capacidad de Occidente para mantener su superioridad financiera, tecnológica y militar. Por lo tanto, los desarrollos actuales no deben verse como un signo de la formación definitiva de un nuevo orden o de un bloque antioccidental unido, sino más bien como un signo de un movimiento gradual hacia una distribución más diversificada del poder.
La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.


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