Ashkan Khakian – Experto en control de armamento
Con la expiración del tratado Nuevo START, el mundo ha entrado en un espacio en el que las restricciones legales vinculantes sobre los arsenales estratégicos de las dos grandes potencias se han derrumbado, y la ambigüedad ha reemplazado a la transparencia mutua. Sin embargo, este mismo vacío, en lugar de ser meramente un preludio de una carrera armamentista, podría convertirse en un escenario para reformular las reglas del juego en un orden multipolar.
La cuestión central es si el fin del último tratado de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia conduce necesariamente a una inestabilidad incontrolable, o si podría proporcionar una oportunidad táctica para nuevos actores, e incluso para los Estados no poseedores de armas nucleares, dentro de un sistema en transición.
La hipótesis analítica de este artículo es que el colapso del sistema clásico de control de armamentos, si bien aumenta los riesgos a corto plazo, crea simultáneamente nuevos espacios de negociación en los que marcos más flexibles, multilaterales y centrados en lo regional podrían reemplazar a la arquitectura bipolar anterior.
Vacío legal y el retorno de la lógica de la competencia ilimitada
Análisis publicados por la RAND Corporation advierten que el fin del Nuevo START hará que el mundo sea «más inseguro» al eliminar el régimen de verificación, el intercambio de datos y los límites máximos de ojivas estratégicas, aumentando así la incertidumbre estratégica. En tal entorno, ambas partes pueden recurrir al desarrollo de capacidades adicionales para llenar el vacío de información, y la lógica de los escenarios de caso peor puede prevalecer sobre los cálculos.
Sin embargo, el Centro de Viena para el Desarme y la No Proliferación enfatiza que incluso antes de su expiración, el tratado había perdido prácticamente toda su funcionalidad debido a la suspensión de las inspecciones, y lo que terminó fue más un marco simbólico que un régimen operativo. Desde esta perspectiva, el mundo ya había entrado en un estado «post-control de armamentos», y la expiración del tratado simplemente formaliza una realidad existente.
En círculos cercanos a las corrientes conservadoras en Estados Unidos, incluidos los análisis publicados por la Hoover Institution, se plantea el argumento de que las restricciones unilaterales en el entorno de intensa competencia estratégica con Rusia y China reducen la flexibilidad de la disuasión estadounidense, y que liberarse de las viejas limitaciones podría crear un mayor margen de maniobra. Esta visión ve el fin del tratado no como una amenaza, sino como un retorno a la lógica de la competencia ilimitada entre las grandes potencias.
Sin embargo, este mismo retorno a la competencia ilimitada también conlleva una consecuencia paradójica: aumentar los costos de la falta de acuerdo. Cuando desaparecen los límites cuantitativos y los mecanismos de transparencia, aumenta el incentivo para prevenir malentendidos y frenar la escalada no intencionada de crisis, y este mismo hecho puede actuar como un estímulo para nuevas negociaciones.
Europa y la multipolarización de la agenda de control de armamentos
Análisis de RUSI y SIPRI enfatizan que Europa se verá afectada por el fin del Nuevo START más que cualquier otro actor, ya que es el principal escenario geográfico de la competencia nuclear entre Estados Unidos y Rusia. La ausencia de restricciones cuantitativas podría llevar al redespliegue de sistemas estratégicos y de alcance intermedio alrededor de Europa, complicando los cálculos de disuasión.
Sin embargo, esta misma preocupación podría hacer de Europa un actor más activo en el control de armamentos. SIPRI sugiere que Europa debería buscar iniciativas «paso a paso» para la transparencia, la confianza y las restricciones regionales, incluso si un acuerdo bilateral integral entre Washington y Moscú no es alcanzable a corto plazo. Este enfoque indica que la agenda de control de armamentos se está alejando de un formato bipolar y desplazándose hacia un escenario multinivel y multi-actor.
Responsible Statecraft y el Quincy Institute también enfatizan que el espacio post-Nuevo START podría moverse, en lugar de reproducir el patrón de la Guerra Fría, hacia marcos que incluyan a China y, en el futuro, a otras potencias nucleares. Aunque Pekín hasta ahora no ha mostrado inclinación a unirse a regímenes restrictivos similares, la ausencia de reglas vinculantes entre EE.UU. y Rusia aumenta la presión política para entablar diálogos multilaterales.
Oportunidades tácticas para los actores no nucleares
El colapso del sistema clásico de control de armamentos no es solo una amenaza para los Estados no poseedores de armas nucleares, sino que también podría crear oportunidades para ellos. En el orden bipolar pasado, estos países estaban en gran medida sujetos a reglas escritas por otros, pero en el sistema multipolar emergente, la posibilidad de desempeñar un papel más activo en la configuración de normas e iniciativas regionales está disponible.
Los análisis de RAND y RUSI indican que, en ausencia de acuerdos vinculantes, iniciativas como la «transparencia voluntaria», las «declaraciones políticas» y las «restricciones temáticas» podrían servir como herramientas temporales para frenar la competencia. Estas herramientas no son necesariamente equivalentes a los tratados clásicos, pero pueden crear un marco para la reducción de riesgos. Los Estados no nucleares pueden enfatizar la necesidad de tales mecanismos en foros multilaterales y aprovechar sus posiciones para mediar u organizar diálogos.
En este marco, una crisis se convierte en una oportunidad táctica. Cuando las grandes potencias, debido a la intensa competencia, no están dispuestas a firmar tratados integrales, los acuerdos limitados, regionales o temáticos podrían convertirse en sustitutos. Por ejemplo, centrarse en prevenir el despliegue de sistemas específicos en regiones sensibles, o en establecer líneas de comunicación de emergencia y mecanismos de gestión de crisis, podrían ser los primeros pasos para reconstruir la confianza.
Para países como Irán, que están sujetos a evoluciones en los regímenes de no proliferación, dobles raseros y presiones de sanciones, esta situación tiene dos consecuencias simultáneas. Por un lado, la erosión de las normas de control de armamentos podría hacer más evidentes los dobles raseros y fortalecer el espacio para criticar el orden anterior. Por otro lado, una mayor competencia nuclear entre las grandes potencias también podría aumentar las sensibilidades con respecto a los programas nucleares regionales. En tales circunstancias, el uso inteligente del discurso del multilateralismo y la participación activa en iniciativas de fomento de la confianza podrían mejorar una posición diplomática.
El fin del Nuevo START no es meramente un punto en el colapso de un régimen legal, sino que significa una transición de la arquitectura bipolar del control de armamentos hacia un orden más fluido y multipolar. Esta transición indudablemente aumenta la ambigüedad y el riesgo, intensifica el peligro de una carrera armamentista. Pero también eleva los costos de la falta de ley para las grandes potencias y las obliga a buscar nuevos formatos.
La oportunidad táctica dentro de esta crisis radica en el hecho de que actores más diversos entran en escena, se forman formas más flexibles de acuerdo y el control de armamentos sale del monopolio de dos potencias. En tal perspectiva, el futuro de la seguridad nuclear se configurará no por un retorno al pasado, sino por el diseño de mecanismos apropiados para la realidad multipolar del siglo XXI.
La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.


0 Comments