Morteza Makki – Experto en Asuntos Europeos
En esta cumbre, la Unión Europea pidió a China, como miembro permanente del Consejo de Seguridad, que cumpliera con su responsabilidad respecto a la guerra de Rusia contra Ucrania y cesara su apoyo militar y tecnológico a Moscú. Sin embargo, lo que subyace tras esta petición es el delicado equilibrio entre las necesidades económicas de Europa hacia China y sus preocupaciones geopolíticas respecto a Rusia y Estados Unidos. En realidad, Bruselas se encuentra hoy en una posición en la que no puede asumir los costes de una confrontación con China; especialmente cuando las políticas arancelarias del gobierno de Trump han colocado a Europa en una grave estrechez económica.
Estados Unidos, como principal socio comercial de los países europeos, al imponer fuertes aranceles a las exportaciones europeas, ha bloqueado de facto parte de la capacidad de crecimiento económico de Europa. En este contexto, China, como segundo mayor mercado de exportación de Europa, se ha convertido en una opción vital para Bruselas; una opción que los europeos no pueden permitirse descartar fácilmente. Pero por otro lado, como ha advertido el think tank Chatham House en su informe reciente, una excesiva cercanía de Europa a China sin considerar las implicaciones de seguridad y política, podría convertir a la Unión Europea en un actor pasivo en el gran juego de las potencias mundiales.
El grave déficit comercial de Europa con China y las múltiples restricciones para el acceso de las empresas europeas al mercado chino también fueron ejes clave de las conversaciones. China, con su monopolio de minerales raros, posee una poderosa palanca de presión en las negociaciones con Europa y es plenamente consciente del grado de dependencia de Bruselas hacia Pekín para el suministro de estos materiales vitales. Analistas del think tank Bruegel consideran que esta interdependencia ha creado un equilibrio frágil, donde cualquier cambio podría tener graves consecuencias para ambas partes.
Sin embargo, la dimensión geopolítica de las relaciones entre China y Rusia sigue siendo uno de los puntos más conflictivos en los vínculos entre Pekín y Bruselas. Los chinos tienen una clara comprensión de la importancia de Rusia como una carta ganadora en sus negociaciones estratégicas con Estados Unidos y Europa. Por ello, el aumento del nivel de cooperación entre Pekín y Moscú en los ámbitos energético, tecnológico y militar ha continuado, haciendo caso omiso a las demandas europeas. Al mismo tiempo, China, comprendiendo la debilidad estratégica de Europa en las condiciones posteriores a la guerra de Ucrania y la creciente brecha en el eje de seguridad Bruselas-Washington, ha adoptado una política de indiferencia diplomática mezclada con negociación económica hacia la Unión Europea.
El frío y protocolario trato de China hacia la delegación europea en su reciente visita a Pekín reflejó precisamente este enfoque realista y basado en el poder. A diferencia del pasado, Pekín no mostró gran interés en celebrar reuniones de alto nivel ni en dar una cálida bienvenida a los funcionarios europeos; lo que podría ser un claro mensaje a Bruselas de que, en las ecuaciones de poder global, China ya no ve a Europa en una posición de igualdad. La Fundación para las Políticas Europeas (EPC) recordó en su reciente análisis que Europa hoy necesita, más que nunca, redefinir su posición en las relaciones con China; una posición que no puede basarse en percepciones pasadas del poder blando europeo.
Por otro lado, analistas estadounidenses como Richard Haass e Ian Bremmer subrayan que la Unión Europea, en el contexto actual, no tiene ni la capacidad para confrontar a China ni puede beneficiarse plenamente de la alianza con Estados Unidos frente a Pekín. Estados Unidos y China, a pesar de todas sus tensiones políticas y de seguridad, tienen una profunda interconexión de dependencias económicas, mientras que Europa carece de tal ventaja y, por ello, se ha convertido en un actor más débil en el juego de las competencias globales.
La realidad es que la Unión Europea atraviesa hoy una etapa en la que, pese a poder exigir con base en su poder económico y político frente a Pekín, las presiones económicas derivadas de las políticas arancelarias estadounidenses, la crisis energética y de seguridad por la guerra de Ucrania, y el aislamiento estratégico de Europa en las ecuaciones geopolíticas globales, han hecho que Bruselas adopte una postura más cautelosa frente a China. Por ello, la Unión Europea no tiene más remedio que plantear sus demandas a Pekín considerando su posición actual y dentro de un marco de realismo y prudencia.
En conjunto, la perspectiva de las relaciones China-Europa a medio plazo se encaminará más hacia una cooperación cautelosa y conservadora que hacia la confrontación y la tensión; una cooperación en la que ambas partes intentarán, al tiempo que satisfacen sus necesidades vitales, evitar crisis mayores en sus relaciones bilaterales. Este es precisamente el escenario que los think tanks europeos denominan «gestión de la competencia bajo la sombra de la interdependencia»; una expresión que refleja acertadamente las coordenadas de las relaciones Pekín-Bruselas en la actual turbulenta era.
«La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.»


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