La dependencia persistente de Europa de la energía del Golfo Pérsico

SCFR Online – Opinión: El discurso dominante en el ámbito de la seguridad energética europea durante las dos últimas décadas ha girado en torno a la diversificación de las fuentes de suministro y la reducción progresiva de la dependencia de los combustibles fósiles. Este relato, que cobró un impulso particular tras la crisis del gas en Ucrania en 2006 y su intensificación en 2014 y 2022, se basaba en la premisa de que Europa podría liberarse de las vulnerabilidades geopolíticas derivadas de la dependencia de proveedores específicos mediante la inversión en energías renovables, las importaciones de gas natural licuado desde fuentes diversificadas y el establecimiento de nuevas infraestructuras. Sin embargo, un análisis más profundo de los datos del comercio energético y de la estructura de la cadena global de suministro de petróleo y gas presenta una imagen diferente. Europa no solo no ha logrado reducir de manera significativa su dependencia del Golfo Pérsico, sino que en algunos sectores —en particular en las importaciones de gas natural licuado— esta dependencia se ha profundizado. Esta realidad, a menudo ignorada en el discurso público, plantea preguntas fundamentales sobre la sostenibilidad de las estrategias de seguridad energética europeas y su impacto en las ecuaciones de poder regionales.

Abed Akbari – Experto en asuntos internacionales

El estrecho de Ormuz, con una anchura de solo 33 kilómetros en su punto más estrecho, es reconocido como el punto de estrangulamiento energético más vital del mundo. Según las estadísticas de la Agencia Internacional de la Energía, alrededor de 21 millones de barriles de petróleo crudo y productos derivados del petróleo pasan diariamente por este estrecho, lo que equivale a una quinta parte del consumo mundial de petróleo. Además, una parte significativa de las exportaciones de gas natural licuado de Catar, el mayor exportador mundial de GNL, transita por esta ruta. La importancia estratégica de este estrecho no se limita al volumen de energía que lo atraviesa; radica también en la ausencia de rutas alternativas sostenibles y económicas. Los oleoductos existentes en la región, incluido el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, que se extiende desde los campos petroleros del este hasta el puerto de Yanbu en el mar Rojo, tienen una capacidad máxima de 5 millones de barriles diarios y solo pueden sustituir una pequeña parte del volumen que pasa por Ormuz. El oleoducto Emiratos Árabes Unidos–Omán, con una capacidad limitada de 1,5 millones de barriles diarios, tampoco ofrece una solución integral para evitar el estrecho. Estas limitaciones estructurales significan que cualquier interrupción grave en el tránsito por el estrecho de Ormuz —ya sea causada por conflictos militares, amenazas a la seguridad o acciones de disuasión— podría convertirse rápidamente en una crisis energética global.

En este contexto, la dependencia de Europa de la energía del Golfo Pérsico puede examinarse en dos dimensiones: petróleo crudo y gas natural. En el sector petrolero, los países europeos, especialmente tras las amplias sanciones contra Rusia en 2022, han recurrido cada vez más a las importaciones de petróleo de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos e Irak. Las estadísticas de Eurostat muestran que la participación del Golfo Pérsico en las importaciones de petróleo crudo de Europa aumentó de alrededor del 15 % en 2021 a más del 25 % en 2023. Este incremento no solo refleja la sustitución del petróleo ruso, sino que también demuestra las limitaciones estructurales en la diversificación de las fuentes de suministro. En el sector del gas natural, la situación es más compleja. Europa, que antes de la crisis de Ucrania importaba más del 40 % de su gas desde Rusia, ahora depende en gran medida de las importaciones de GNL desde Catar, los Emiratos Árabes Unidos y Omán. Catar, que está impulsando los mayores proyectos de expansión de sus yacimientos de gas con el objetivo de aumentar la capacidad de producción de GNL de 77 millones de toneladas anuales a 126 millones de toneladas para 2027, se está convirtiendo cada vez más en un proveedor clave de gas para Europa. Esta creciente dependencia del GNL del Golfo Pérsico, que debe transitar íntegramente por el estrecho de Ormuz, ha creado una nueva vulnerabilidad estructural para la seguridad energética de Europa.

En tales circunstancias, la capacidad de disuasión de Irán en el estrecho de Ormuz se sustenta en tres pilares principales: en primer lugar, la posición geográfica estratégica de Irán, que le otorga control directo sobre la orilla norte del estrecho y sus islas clave, incluidas Abu Musa, Gran Tunb y Pequeño Tunb. Esta posición permite a Irán vigilar de cerca todo el tráfico marítimo y ejercer control cuando sea necesario. En segundo lugar, las capacidades militares de Irán en los ámbitos naval y de misiles, que han avanzado significativamente en las últimas dos décadas. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, utilizando lanchas rápidas de ataque, pequeños submarinos, misiles antibuque y drones navales, es capaz de crear amenazas simétricas y asimétricas graves para las flotas en tránsito. La experiencia de las incautaciones de petroleros en 2019 y 2023, y los acontecimientos recientes tras el inicio de la guerra de Ramadán, demostraron que Irán puede llevar a cabo operaciones limitadas pero eficaces en el estrecho de manera rápida y a un coste relativamente bajo. En tercer lugar, y quizás lo más importante, la ausencia de rutas alternativas sostenibles y económicas, como se mencionó anteriormente. El hecho de que no exista infraestructura alternativa con capacidad suficiente para evitar el estrecho de Ormuz refuerza la capacidad de disuasión de Irán y aumenta de forma significativa el coste de cualquier acción militar contra Irán por parte de Occidente.

Algunos analistas consideran que la transición energética de Europa hacia fuentes renovables podría reducir la dependencia del Golfo Pérsico a medio plazo. Aunque se han logrado avances significativos en energía solar, eólica y almacenamiento energético, esta visión enfrenta serias limitaciones en varios aspectos: en primer lugar, las energías renovables se aplican principalmente en la generación de electricidad, mientras que en el transporte pesado, la aviación, el transporte marítimo, las industrias petroquímicas y la producción de materias primas industriales, el petróleo y el gas siguen desempeñando un papel insustituible. Las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía indican que incluso en los escenarios más optimistas de transición energética, la participación del petróleo y el gas en la matriz energética mundial se mantendrá por encima del 40 % hasta 2050. En segundo lugar, la infraestructura energética europea, incluidos los sistemas de transmisión, refinerías, industrias químicas y flotas de transporte, ha sido diseñada y construida durante décadas sobre la base de los combustibles fósiles, y su transformación fundamental es un proceso costoso que requerirá varias décadas. En tercer lugar, la crisis energética demostró que, en condiciones críticas, Europa se ve obligada a volver a las fuentes fósiles e incluso a aumentar el uso del carbón. Esta realidad muestra que la transición energética no es un proceso lineal ni predecible y que, frente a choques geopolíticos, la seguridad del suministro de combustibles fósiles sigue siendo la prioridad principal.

El posible impacto de una interrupción en el estrecho de Ormuz sobre la economía global puede examinarse mediante la modelización de distintos escenarios. Los estudios econométricos muestran que el cierre total del estrecho de Ormuz incluso durante dos meses podría elevar el precio del petróleo crudo por encima de los 200 dólares por barril. Un aumento de este tipo, dado el papel del petróleo en todos los sectores económicos, podría provocar un incremento de la inflación mundial del 3 al 5 % y una reducción del crecimiento económico global del 2 al 3 %. Para Europa, cuya economía depende en gran medida de las importaciones de energía, estos efectos podrían ser aún más severos. La experiencia histórica también confirma estas estimaciones. Durante la guerra Irán-Irak en la década de 1980, los ataques a petroleros en el Golfo Pérsico provocaron aumentos significativos de los precios del petróleo y de los costos de seguros marítimos. En 2019, el ataque a las instalaciones petroleras de Saudi Aramco en Arabia Saudita, que detuvo la producción de 5,7 millones de barriles diarios de petróleo, causó el mayor aumento diario del precio del petróleo en la historia. Estos precedentes muestran que incluso las interrupciones temporales y limitadas en el suministro energético del Golfo Pérsico pueden tener impactos amplios y duraderos en la economía global.

Como resultado, la dependencia estructural de Europa de la energía del Golfo Pérsico y el papel vital del estrecho de Ormuz en la cadena global de suministro energético constituyen una realidad geopolítica que moldea de forma fundamental la política exterior occidental. Esta dependencia explica por qué Europa y Estados Unidos están dispuestos a realizar enormes inversiones militares en la región, mantener relaciones complejas con los regímenes autoritarios del Golfo Pérsico y aceptar los costes políticos y éticos de estas relaciones. También explica por qué cualquier tensión con Irán, independientemente de su naturaleza, se transforma rápidamente en una crisis de seguridad energética. Mientras no se establezcan alternativas reales y sostenibles a la energía del Golfo Pérsico y a la ruta del estrecho de Ormuz, la capacidad de disuasión de Irán y la importancia estratégica de esta región no solo se mantendrán, sino que probablemente se verán reforzadas debido al creciente aumento de la demanda energética mundial y a las limitaciones estructurales en la diversificación de las fuentes de suministro. Esta realidad obliga a los responsables políticos y analistas de seguridad energética, en lugar de confiar en narrativas optimistas sobre una transición rápida hacia las energías renovables, a prestar atención a las realidades actuales y a las limitaciones estructurales, y a formular estrategias realistas para gestionar esta dependencia duradera.


«La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.»

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