Bahman Tavakoli – Experto en asuntos americanos
Principios clave de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional y Estrategia de Defensa Nacional
Con base en análisis de instituciones de investigación, los documentos de la Estrategia de Defensa Nacional (NDS) y la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de la segunda administración de Trump se fundamentan en varios principios fundamentales.
El eje central es la identificación de la competencia entre grandes potencias como el desafío definitorio de la era. Dentro de este marco, China es definida como el «desafío del ritmo» (pacing challenge) y Rusia como la «amenaza aguda» (acute threat). Este enfoque prioriza la región del Indo-Pacífico, seguida de Europa.
El segundo principio enfatiza la disuasión mediante la aplicación del poder y la denegación de acceso a los adversarios, lo cual se plasma en el concepto de «poder discriminante» (discriminant power) o disuasión asimétrica. Este concepto significa el uso combinado e inteligente de todos los instrumentos nacionales –económicos, diplomáticos, informativos y militares– para aplicar presión sobre los puntos de debilidad de un adversario sin involucrarse en una guerra convencional a gran escala.
El tercer principio es delegar mayor responsabilidad por la seguridad regional a los aliados. Washington se ha distanciado del rol de policía global y espera que los aliados asuman una mayor parte de los costos y misiones de seguridad. Este enfoque constituye el núcleo del cambio en la interacción de Estados Unidos con Asia Occidental.
Redefinir el rol de Asia Occidental dentro del marco más amplio
La afirmación de la reducida importancia estratégica de Asia Occidental en los documentos de Trump es un análisis engañoso. Como señalan los analistas, estos documentos no restan importancia a Asia Occidental; la redefinen. La región no es vista como un punto focal independiente, sino como una arena secundaria dentro de la competencia más amplia con China y Rusia, y también como el escenario para implementar una estrategia para contener a Irán.
La estabilidad energética, aunque la dependencia directa de Estados Unidos se ha reducido, sigue siendo vital para la seguridad económica de sus aliados europeos y asiáticos. Además, Asia Occidental se mantiene como un mercado para armas y un campo de prueba para nuevas tecnologías militares y la cooperación de seguridad trilateral (por ejemplo, el régimen israelí – EAU – Estados Unidos). Por lo tanto, el cambio está en la forma de la presencia, no en la naturaleza de los intereses.
La presencia humana directa y extensa se reduce en favor de una presencia más ágil, basada en tecnología y activos operados remotamente (como drones y cibernética), así como una mayor dependencia de las fuerzas de aliados regionales. Esta transformación es un esfuerzo por adaptar el enfoque estadounidense a las nuevas realidades domésticas e internacionales.
La estrategia de Estados Unidos contra Irán
La nueva estrategia avanza el containment de la República Islámica de Irán a través de dos mecanismos interconectados. El primer mecanismo es implementar una política de «poder discriminante» contra Irán. Este concepto significa separar diferentes dominios de confrontación y aplicar presión dirigida en cada uno, sin requerir necesariamente un conflicto general.
Por ejemplo, Estados Unidos podría simultáneamente intensificar acciones cibernéticas contra los programas de misiles iraníes, continuar la presión financiera máxima a través de sanciones, y, en el dominio marítimo, confrontar potenciales «perturbaciones del transporte marítimo» a través de sus aliados. El objetivo es imponer costos asimétricos e impredecibles a Irán en múltiples frentes, para agotar sus recursos y voluntad.
El segundo mecanismo es el fortalecimiento sin precedentes de las capacidades militares y de seguridad de aliados regionales clave, a saber, el régimen israelí y otros países regionales. La estrategia de Trump enfatiza una «coalición de aliados dispuestos y capaces». Esto significa vender armamento más avanzado, como sistemas de defensa antimisiles y aviones de combate de quinta generación F-35, a los Emiratos Árabes Unidos, fortalecer la cooperación de inteligencia y crear estructuras de mando conjunto entre estos aliados.
En este modelo, Estados Unidos juega el rol de facilitador, proveedor y partidario, mientras que los aliados son situados en la primera línea de la confrontación física y de seguridad. Desde la perspectiva de Washington, este enfoque reduce los costos directos de Estados Unidos mientras involucra a Irán en una competencia de seguridad costosa con sus vecinos.
Riesgos y oportunidades de la nueva estrategia
Este cambio estratégico crea un conjunto complejo de riesgos y oportunidades para Irán. En el lado de las amenazas, el riesgo de conflictos indirectos y por poderes aumenta agudamente. Los potenciales aliados regionales de Estados Unidos podrían calcular mal y, con la coordinación de Washington y la centralidad del régimen sionista, intentar crear una red de amenazas en los dominios cibernético, marítimo y aéreo.
Sin embargo, esta estrategia también presenta oportunidades vitales para Irán. La oportunidad primaria es reducir la presencia física de las fuerzas militares estadounidenses en la región. La retirada relativa de fuerzas terrestres e incluso la reducción de algunos activos aéreos y navales aumentarán el margen de maniobra de Irán.
Además, el enfoque de Estados Unidos en la competencia con China y Rusia deja una capacidad y atención política y militar limitada para la gestión diaria de crisis en Asia Occidental. Esta «ausencia relativa» podría crear brechas en la supervisión y reacción inmediata.
Adicionalmente, una presión incrementada sobre los aliados para pagar su propia seguridad podría, con el tiempo, crear grietas en su alianza o conducir a una fatiga financiera.
Irán puede, a través de una diplomacia activa, esforzarse por profundizar estas grietas y reducir la cohesión del frente adversario. En última instancia, el éxito de Irán en gestionar este nuevo periodo dependerá de comprender este cambio estratégico, aumentar la flexibilidad táctica, fortalecer la disuasión interna y explotar sabiamente las contradicciones presentes en la estrategia adversaria.
La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.


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