Por: Zahra Asghari – Experta en asuntos internacionales
La Iniciativa de la Franja y la Ruta comprende un cinturón económico y un corredor transcontinental que conecta a China por tierra con el sudeste asiático, el sur de Asia, Asia Central, Rusia y Europa, además de una ruta marítima que vincula las zonas costeras de China con el sudeste y sur de Asia, el Pacífico Sur, Asia Occidental y África Oriental, hasta llegar a Europa.
La iniciativa sigue expandiéndose, pero su rumbo y naturaleza han cambiado. En la primera mitad de 2025, las inversiones y nuevos contratos de China dentro de este plan alcanzaron los 124 mil millones de dólares, un nuevo récord, mientras que el total de interacciones económicas en este marco ha sido hasta ahora de aproximadamente 1.3 billones de dólares.
Entre las características principales de este plan destaca el enfoque en proyectos más pequeños y de menor riesgo, así como el crecimiento de las inversiones en energías renovables (unos 9.7 mil millones de dólares). Sin embargo, el petróleo y el gas siguen representando la mayor parte (44 mil millones de dólares), aunque resulta notable el aumento significativo de inversiones en el sector de la minería y los metales (25 mil millones de dólares).
La mayor captación de inversiones se ha dado en África (39 mil millones de dólares) y en Asia Central (25 mil millones de dólares), mientras que América Latina ha tenido hasta ahora una participación marginal de apenas un 1%.
Cabe señalar que algunos países, como Italia (2023) y Panamá (2025), se retiraron de esta iniciativa. Sin embargo, más de 150 países siguen siendo miembros del plan.
Desde el punto de vista técnico y económico, el enfoque de China en proyectos más pequeños dentro de la BRI constituye una respuesta a las críticas globales sobre su política de “trampa de la deuda”, además de permitir que los proyectos se completen más rápido y generen mayores rendimientos.
En términos geopolíticos, China busca garantizar nuevas rutas de energía y materias primas mediante su concentración en África y Asia Central, expandiendo así su influencia en regiones menos dependientes de Occidente. La reducción de su presencia en América Latina refleja la creciente dificultad de competir con Estados Unidos en el “patio trasero” de Washington. Asimismo, la salida de algunos países muestra que la BRI enfrenta resistencia política y presiones occidentales; sin embargo, el elevado volumen de inversiones de otras regiones y países indica que China mantiene su proyección de poder en este ámbito.
A pesar de las dificultades, la iniciativa ofrece beneficios que la hacen valiosa para China. En primer lugar, genera estabilidad financiera y reduce riesgos; además, los proyectos más pequeños abren oportunidades para nuevos modelos de financiamiento conjunto y control de la deuda. En segundo lugar, contribuye a la diversificación del sector energético: China busca equilibrar la seguridad energética (petróleo y gas) con la transición global hacia energías limpias, un modelo que otros países pueden aprovechar. Finalmente, en términos geográficos, las inversiones en África y Asia Central no solo aseguran recursos naturales, sino que también proporcionan a China una profundidad estratégica frente a Occidente.
Tras la crisis de Ucrania, las serias disputas fronterizas y políticas entre China e India, así como entre India y Pakistán, dificultan la conformación de una plena integración bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Desde el inicio, el mayor desafío de este proyecto económico chino ha sido la inseguridad y las tensiones en el sistema internacional. Si bien las cuestiones financieras y de ejecución son complicadas, los desafíos políticos y de seguridad siguen siendo factores decisivos que pueden determinar el destino de este proyecto colosal. Por ejemplo, Ucrania ocupa una posición clave dentro de la iniciativa. El 6 de junio de 2020, China y Ucrania firmaron un acuerdo gubernamental para ampliar la cooperación conjunta en el desarrollo de infraestructuras. Ucrania ha sido uno de los socios comerciales más importantes de China en Europa, y Pekín ha realizado en los últimos años enormes inversiones en sus puertos e infraestructuras de transporte. Sin embargo, el estancamiento de las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania deja incierto el futuro de esos acuerdos y del recorrido de la iniciativa a través de Ucrania.
La reciente cumbre de la OCS en China volvió a colocar la Iniciativa de la Franja y la Ruta en el centro de atención. Sin duda, esta reunión puede crear un espacio de sinergia, evitar la competencia negativa entre los miembros y abrir nuevos caminos eliminando obstáculos.
La cumbre puede reforzar aún más las dimensiones políticas, de seguridad y legitimidad regional de este proyecto. Con la presencia de líderes de Asia Central, Irán y Rusia, China puede consolidar la ruta Asia Central–Irán–Rusia como uno de los principales ejes de la iniciativa. Además, los nuevos acuerdos de la OCS entre los países de Asia Central, centrados en infraestructuras de transporte, ferrocarriles y carreteras de tránsito—ubicados en el corazón de las rutas terrestres de la Ruta de la Seda—pueden adquirir una importancia especial, ya que la continuidad de la guerra en Ucrania y las tensiones políticas y de seguridad entre Ucrania, Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia no muestran un panorama claro para que China acceda a Europa a través de Ucrania.
Mientras Estados Unidos intenta restringir los lazos económicos de los miembros de la OCS, estos buscan adoptar una postura colectiva, aunque sea mínima, para evitar el aislamiento frente a Washington. Además, la guerra comercial de Trump ha acercado a Rusia, India y China en su objetivo de fortalecer las relaciones económicas regionales, y la OCS constituye una de las plataformas más relevantes para consolidar esta cooperación.


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