Homayoun Qasemi – Investigador en Relaciones Internacionales
Gran parte de los conflictos militares del siglo XXI no han terminado en paz; las partes han logrado unas frágiles treguas o se han detenido en las líneas del frente debido a la disminución de los combates. Actualmente, a pesar de los esfuerzos realizados, no se vislumbra un panorama claro para alcanzar una paz duradera en la guerra de Ucrania. Cabe mencionar que Rusia tiene antecedentes de dejar situaciones bélicas sin resolver, como su disputa con Japón por las islas Kuriles tras la Segunda Guerra Mundial, donde, a pesar de mantener relaciones diplomáticas, las partes aún no han firmado un tratado de paz oficial e incluso las relaciones entre Rusia y Ucrania podrían correr la misma suerte después de esta guerra.
La ronda previa de negociaciones directas entre las partes ocurrió en los primeros días de la guerra en 2022, pero se abandonó sin resultados. Las recientes conversaciones también fracasaron, y el único logro oficial fue el intercambio de 1,000 prisioneros de guerra por cada lado, lo que fue un avance humanitario significativo.
Actualmente, los cuatro actores principales en esta guerra son Rusia, Ucrania, la Unión Europea y Estados Unidos, cada uno persiguiendo sus propios deseos e intereses. Desde noviembre de 2023, tras el fallido contraataque ucraniano, la maquinaria bélica rusa ha retomado sus operaciones ofensivas, ganando ventaja en el campo de batalla y ocupando más territorio cada día. La principal demanda del Kremlin en actualidad es la anexión de Crimea y las cuatro regiones de Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón, junto con su reconocimiento como territorio ruso. Cabe señalar, partes de estas regiones siguen bajo control ucraniano y Rusia no ha tomado el control total de ellas. Ucrania, por su parte, considera que aceptar la pérdida de su territorio es una línea roja innegociable para cualquier acuerdo. Rusia ha amenazado con ocupar más territorios ucranianos si la guerra se prolonga.
Otra exigencia de Moscú es la celebración de elecciones en Ucrania lo antes posible. Desde mayo de 2024, el mandato del presidente Zelensky ha terminado oficialmente, pero debido a la guerra, no se han realizado nuevas elecciones, y gobierno de Zelensky sigue en el poder. El Kremlin considera ilegítimo al gobierno actual y ve cualquier acuerdo con él como inestable, insistiendo en negociar con un nuevo gobierno postelectoral.
No obstante, la principal petición de Ucrania en esta ronda de negociaciones fue un alto al fuego temporal de 30 días, rechazado por Rusia bajo el argumento de que Ucrania lo aprovecharía para importar armas y recuperar su capacidad militar, lo que no contribuiría a la paz.
Antes de asumir el poder, Trump afirmó que terminaría la guerra de Ucrania en los primeros días de su gobierno, algo que aún no ha logrado. En esta ronda de negociaciones, EE.UU. intentó conseguir un alto al fuego de 30 días, lo que no fue aceptado por Rusia. “Trump, tras no obtener resultados en las recientes negociaciones y conversaciones telefónicas con Putin, también ha pedido que Estados Unidos se retire del proceso de negociaciones para que las partes lleguen a un acuerdo por sí mismas.»
Por su parte, Bruselas, al observar la disminución del apoyo estadounidense a Ucrania y la cooperación con Europa, busca una política independiente para la seguridad de la UE, viendo esta guerra como una gran prueba para sí mismo. La Unión Europea considera la derrota total de Ucrania en esta guerra como un menoscabo a su propia capacidad de disuasión (en ausencia de Estados Unidos) frente a Rusia. Ha impuesto nuevas sanciones contra Rusia, especialmente a su flota fantasma, y planea enviar más ayuda militar y económica a Ucrania.
En tales circunstancias, parece que mientras Rusia mantenga la certeza de su superioridad en el campo de batalla, el fin de la guerra de Ucrania a través de negociaciones será, al menos en un futuro próximo, poco probable.


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