Abdolrahman Fathollahi, experto en asuntos regionales
Antecedentes y motivaciones de esta decisión de Estados Unidos
La política de reducir la presencia militar estadounidense en Siria tiene sus raíces en el lema “America First”, que Donald Trump ha enfatizado desde su campaña electoral de 2016. Trump considera que la presencia militar en regiones críticas, especialmente en Asia Occidental, es una pesada carga económica y estratégica para Estados Unidos. Esta visión se ha fortalecido durante su segundo mandato como presidente, y la reducción de las fuerzas militares en Siria debería considerarse como un paso hacia la realización de este enfoque. El Pentágono ha anunciado que esta reducción se realizará tras evaluar la situación de seguridad en el norte y el este de Siria, y su objetivo es limitar las misiones estadounidenses a zonas de seguridad que defiendan los intereses del país sin involucrarse en las complejidades geopolíticas locales. Sin embargo, esta medida no significa una retirada completa de las fuerzas estadounidenses de Siria, sino más bien una redefinición de la presencia militar centrándose en bases más grandes y seguras.
Uno de los principales impulsores de esta decisión es el acuerdo entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y Ahmed al-Charaa (al-Golani), presidente interino de Siria y líder de Hayat Tahrir al-Sham, alcanzado en marzo de 2025. Este acuerdo, centrado en la búsqueda de los núcleos del ISIS y el intercambio de información, ha permitido a Estados Unidos implementar una política de repartir la carga de seguridad, apoyándose en actores locales. Washington cree que las FDS y las fuerzas locales, incluso a pesar de sus diferencias, pueden gestionar las amenazas terroristas, lo que ayudaría a reducir gradualmente la presencia militar estadounidense sin crear un vacío inmediato. Además, los entendimientos no anunciados entre Trump y el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, también han jugado un papel importante en este sentido. Los informes indican que Ankara ha ofrecido proporcionar instalaciones de seguridad e inteligencia a cambio de la retirada gradual de Estados Unidos del norte de Siria, para que el Ejército Nacional Sirio llene ese vacío. Este acuerdo permite a Turquía ampliar su influencia en el norte de Siria y al mismo tiempo aumentar la presión sobre los kurdos, lo que también es coherente con los objetivos de seguridad de Ankara.
Desde una perspectiva interna, esta decisión ha sido bien recibida por parte de la opinión pública estadounidense que está cansada de las intervenciones militares de largo plazo en Asia Occidental. El síndrome Irak-Afganistán, que ha generado descontento público por sus enormes costos y pérdidas humanas, es un incentivo para reducir la presencia militar en otras zonas de crisis. Sin embargo, esta política tiene condiciones que Dorothy Shea, embajadora adjunta de Estados Unidos ante la ONU, planteó en la reunión del Consejo de Seguridad. Ella subrayó que la reducción de las sanciones contra Siria está sujeta a condiciones como el rechazo total al terrorismo, la prevención de la influencia de Irán y sus aliados, la destrucción de armas de destrucción masiva y la garantía de la seguridad de todos los sirios. Estas condiciones reflejan el enfoque cauteloso de Washington para mantener su influencia en la región, incluso si reduce su presencia militar.
Consecuencias internas en Siria
Las consecuencias de esta decisión a nivel interno en Siria son importantes. Los kurdos, principales aliados de Estados Unidos en la lucha contra ISIS, interpretan esta reducción como una señal de un cambio en las prioridades de Washington. Esto puede llevar a las FDS a buscar alternativas de seguridad, como Rusia; Especialmente porque los logros políticos de los kurdos para formar un estado autónomo están en riesgo. La retirada estadounidense también podría exacerbar las tensiones étnicas entre kurdos y árabes y conducir al caos o a la fragmentación geográfica en el norte y el este de Siria. Por otra parte, reducir la presencia estadounidense en Siria puede ayudar a revivir a ISIS, ya que la presión militar sobre este grupo se reducirá y sus células subterráneas tendrán la oportunidad de reconstruirse.
Consecuencias regionales y el papel de los actores
A nivel regional, esta decisión estadounidense afecta a diversos actores. Turquía aprovechará esta oportunidad para ampliar su influencia y contener a los kurdos, lo que podría conducir a una escalada del conflicto en el norte de Siria. El régimen israelí, preocupado por la creciente influencia de Irán y sus aliados, se opone a esta decisión y podría incrementar sus ataques aéreos preventivos en Siria o fortalecer los mecanismos de coordinación con Jordania y Rusia para controlar el sur de Siria. Estas acciones podrían intensificar las tensiones en la región. Rusia, cuya influencia en Siria ha disminuido tras el conflicto en Ucrania, puede aprovechar esta oportunidad para desempeñar un papel diplomático más fuerte, aunque es reacia a implicarse directamente en las zonas de conflicto.
A nivel internacional, esta decisión afecta la reputación de Estados Unidos como potencia intervencionista. Una presencia militar reducida podría socavar la credibilidad de Estados Unidos entre sus aliados y alentar a sus rivales a llenar el vacío de poder de este país en Asia Occidental. Además, esta acción puede fortalecer la posición de Estados Unidos en la cuestión de Ucrania en detrimento de Rusia, que tiene una prioridad mayor para Moscú que ampliar su influencia en Siria.
Reubicación de fuerzas y diplomacia regional
La reubicación de las fuerzas también es una parte importante de esta política. El Pentágono ha comenzado a trasladar tropas y equipos desde las bases de Deir ez-Zor, incluida la planta de gas de Conoco y el yacimiento de Al-Omar, a bases en la provincia de Hasaka y las afueras orientales de Alepo. Esta es la mayor transferencia de fuerzas desde que Estados Unidos entró en Siria y permite al nuevo gobierno sirio ampliar su influencia en zonas ricas en petróleo y gas. Washington también está estableciendo una gran base cerca de la presa de Tishrin, en los suburbios orientales de Alepo, y planea establecer bases desde Rmelan hasta Al-Tanf y el triángulo fronterizo de Siria, Irak y Jordania. Este cambio táctico permite a Estados Unidos concentrar su presencia en lugares más seguros y estratégicos.
Al mismo tiempo, la diplomacia regional también se ha visto afectada por estos acontecimientos. El congresista estadounidense Cory Mills, quien recientemente tuvo una reunión secreta con Ahmed al-Charaa (al-Golani), llevó una carta suya dirigida a Donald Trump. Mills anunció en una entrevista con Bloomberg que había negociado con Golani sobre el levantamiento de las sanciones a Siria y el establecimiento de la paz con el régimen israelí. Golani, que necesita que se levanten las sanciones para reconstruir la devastada economía de Siria y atraer inversiones de los países del Golfo, ha declarado su disposición a cooperar con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo y garantizar la destrucción de las armas químicas. Sin embargo, el régimen israelí desconfía de Golani y se opone a levantar las sanciones. Cabe señalar que el ejército del régimen sionista ha llevado a cabo ataques generalizados contra posiciones militares sirias después de que Golani tomó el poder.
En general, la política de reducir la presencia militar estadounidense en Siria, si bien está determinada por motivos internos y entendimientos regionales, tendrá consecuencias complejas. Esta decisión puede conducir a una mayor inestabilidad en Siria, intensificar las tensiones étnicas y religiosas y fortalecer a los rivales regionales. El éxito de esta política depende de la capacidad de Estados Unidos para gestionar el vacío de poder y mantener su influencia a través de actores locales y aliados regionales. Sin embargo, las complejidades geopolíticas de Siria y las rivalidades regionales plantean serios desafíos a este camino.


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